domingo, 21 de agosto de 2011

El fútbol, entre Borges y Camus

Amigos, comparto con ustedes la breve columna que escribí el mes pasado para el Semanario Voces, en el marco de la pregunta semanal que se propuso el semanario respecto de si habría o no que trasmitir el fútbol de manera gratuita, a partir de canales abiertos, de manera de universalizar -entre otros- el acceso a los partidos de la selección y del fútbol local.


Como siempre, son bien recibidos sus comentarios.


El fútbol, entre Borges y Camus


¿Es tan importante el fútbol como para considerar que debería ser motivo de regulación y espacio de debate sobre lo beneficioso de asegurar su acceso universal? ¿Debería regularse el asunto por parte del Estado, con el fin de que el deporte rey llegue a todos los hogares, logrando así la universalidad del acceso?


En cuanto al segundo punto, la respuesta me parece que debe ser aquella que nos acerque a la igualdad en el acceso antes que a la desigualdad en función de la diferencia económica y el beneficio empresarial de particulares. Pero, en cuanto a responder a la primera de las interrogantes, quisiera, antes de hacerlo, referirme a un ámbito que pertenece menos al de los fanatizados con el fútbol que al de los propensos a reflexionar sobre este deporte como fenómeno social, como fenómeno cultural.


No son pocos los intelectuales que han abordado el tema del fútbol y quisiera ejemplificarlo –y en relación con las posibles respuestas a esa primer pregunta- tomando dos casos paradigmáticos.


Por un lado, si pensáramos en los términos en que lo hizo Jorge Luis Borges respecto del fútbol, la respuesta sería muy clara: la mera idea de universalizar tal espectáculo le resultaría un canto a la idiotez, en tanto no solo consideraba que el fútbol era un juego antiestético, impulsor de nacionalismos indeseables y una actividad que lograba despertar las peores pasiones, sino que entendía que era popular porque la estupidez lo es.


Por otra parte, tenemos que Albert Camus -el escritor y filósofo argelino-francés, que supo en su juventud brillar como golero en su Argelia natal- no sólo llegó a afirmar que entre el teatro y el fútbol hubiera elegido “el fútbol, sin dudas”, pero que su salud no se lo permitió, sino que al reflexionar sobre su obra tajantemente afirmó que “lo que más sé acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol''. En este sentido, la idea de universalizar el acceso al fútbol no sólo sería posible de defenderse en términos de alguna forma de justicia vinculada a lo económico y a los derechos de acceso, sino que sería recomendable en cuanto es una forma por la cual se estaría universalizando valores deseables.


Presentados de esta manera al menos dos posibles posicionamientos –radicalmente opuestos- desde ese espacio de la intelectualidad, quisiera concluir esbozando mi respuesta al respecto.


El fútbol es ciertamente un juego que trasmite valores deseables, entre otros aquellos que tienen que ver con la importancia central de lo colectivo pero teniendo en cuento la virtud de lo individual. Es un juego que nos enseña respecto de heroísmos y grandezas -y también de fracasos y derrotas, asunto tampoco menor-, y sus enseñanzas respecto del esfuerzo y la superación personal en el marco de un objetivo final que es colectivo me llevan –en sintonía con Camus- a contestar afirmativamente también la primera interrogante: el fútbol es asunto importante. Y, claro, debería impulsarse que llegue a todos los hogares, también como forma de universalizar valores deseables.

24 comentarios:

Luzbelita dijo...

Muy de acuerdo.
Podría decirse que en general, "Deporte es cultura". El nacionalismo desmedido también se ve en otras manifestaciones. Con todo el respeto (y admiración) que siento por Borges, su consigna me parece impracticable. De llevarse a las últimas consecuencias, habría que prohibir muchos otros deportes (gimnasia olímpica, basket,etc), por fomentar el nacionalismo desmedido y la estupidez masiva. Incluso, habría que prohibir el cine...

Artemont dijo...

Me pareció un artículo que aporta poco y nada al debate. Me hubiera gustado leer una opinión más fundamentada al respecto.

Saludos desde Barcelona, la tierra del fútbol de ensueños

raul dijo...

Pablo:
Como bien nos ensañan los maestros, en filosofía son más importantes la preguntas que los ensayos de respuestas. Sobre todo porque las preguntas cuestionan supuestos que se dan como apriori verdaderos. Aqui es claro que estás suponiendo que el deporte es lo mismo que ese producto que nos presentan los medios y sinceramente no creo que sea así.
Mirá yo practiqué muchos deportes ( por suerte aún lo hago con 56 años), soy bastante apasionado como espectador, pero todo lo que organizan las multinacionales amplifica esos valores negativos que refiere Borges y anula casi todos los positivos.
Centrándonos en lo que tenemos a la mano, Tenfield y la FIFA han incidido anteponiendo lo comercial a cualquier otro valor de tal forma que por lo menos a quienes amamos el deporte nos produce asco y total rechazo. Así no tiene sentido si lo que queremos es crear valores y alumbrar una nueva sociedad, contribuir a difundir aún más lo que estos conglomerados presentan.
En efecto, el arreglo de resultados, la tremenda desigualdad entre los propios deportistas, la impunidad de las injusticias, la obsecuencia como medio de obtener premios, el castigo al que se sale del orden establecido, etc, etc., van insertándose en la subconciente de los pueblos, hasta hacerlos pensar que esa es la única forma es que las cosas puedan funcionar, que otro mundo no es posible.
Lamento que no pueda seguir, pero el tema da para muchísimo más.
Silvano ( mguartes@adinet.com.uy)

Pablo Romero dijo...

Artemont, lamentablemente el pedido del semanario sobre el tema venía con la condición de la super brevedad de la columna, por lo cual poco y nada pude profundizar en buena medida por esa condicionante, aunque igual creo que está planteado el asunto en ciertas líneas generales desde una mirada que no es la de siempre (o sea, la que se concentra sobre todo en debatir si corresponde al estado o al nivel empresarial del asunto, etc, etc). Pero, en fin, bienvenido tu comentario y espero que dejes también por aquí esos fundamentos que sí crees son necesarios poner sobre la mesa. La idea es precisamente aportar sobre el tema, más allá de la excusa de la columna escrita por mí. Abrazos, Pablo

Anónimo dijo...

¿Para que alguien se esfuerza en no aportar nada al tomarse la molestia de escribir en un blog que lo que el autor de ese blog ha escrito no aporta nada? La mediocridad ajena emerge en esos momentos de manera brutal. No se les ca una idea ni de casualidad, pero gustan de decir que lo que dice el otro no es un "aporte". A mí me gustó la columna y me alegro que intelectuales de la talla del señor Romero tengan esa visión del fútbol y de lo popular, que no por serlo es mero asunto del "vulgo". Gracias por compartir el texto.

Saludos, de Joaquín Rodríguez

Juank dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juank dijo...

Pablo Romero, no nos conocemos pero su artículo me despertó alguna mínima idea y la expondré. (veo que también despertó alguna rispidez), por tanto no voy a decir que no me aportó nada, pero tampoco creo en esas fórmulas de "intelectuales de la talla de..." ¿de quién?
En fin, el asunto acá, creo que se esbozó en los comentarios, es quién gana qué tras todo esto.
En buenas horas de mis días creo que Borges no pudo haber sido más preciso y veraz, pero confieso que también aprendí cosas con el fútbol.
El tema es que, si sos propenso a la reflexión, a la crítica, si buscás un despertar, luces, et caétera, las vas a encontrar (tal el caso de nuestro estimado Camus), así también las encontró Conrad en el mar o Cervantes en la cárcel, ¿habría que envíar a la cárcel a todos para que aprendan lo que aprendió el manco de Lepanto? Yo creo que es difícil no?
No creo que sea cuestión de tal o cual actividad, o inactividad, sino de reestructuras sociales mucho más profundas.
Yo empezaría por soñar con un día de fútbol donde nadie, nadie lo mire, sino que lo juegue, que se pele las rodillas con los amigos con los que se juntaba a mirar los partidos,que se caiga y que su mujer, que antes se quejaba yéndose del living, ahora lo ayude a levantarse porque están jugando en cuadros distintos pero importa el "fair play" o que, ese mismo tipo que puteaba frente a su hijo cada penal errado por la superestrella fulano, se deje hacer un gol por su hijo.
Creo que he fundamentado mi postura.
Saludos

PD: ah, no crean que me fui de tema, jaja, discutir si se debe "universalizar" el acceso a mirar el fútbol... ¿tan pocas cosas van mal que discutiríamos "eso"? Por mi parte, a esta discusión, agregro esta posdata.

Miguel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Miguel dijo...

De acuerdo Pablo. Aunque la segunda parte (cultural) está de más. El eje es socioeconómico: acceso universal, empresarios, multinacionales. Me recuerda a la discusión sobre los transgénicos qaue apareció hace algunos años en el diario el País (de Madrid naturalmente) donde centraba el eje no en el tema ambiental sino en el socioeconómico. ¿Seremos marxistas aggionardos?

Pablo Romero dijo...

Raúl, lo que yo digo respecto de la práctica del deporte -y del fútbol en particular- va por otros lados que el de defender los espectáculos al estilo FIFA. Por eso lo vinculaba con la construcción de valores deseables. Trabajo en un liceo donde hay chicos con problemas sociales, económicos, familiares, culturales, etc y en varios casos la práctica del fútbol es lo que en alguna medida los "zafa" y los hace disciplinarse, aprender el valor del esfuerzo, de lo colectivo, etc. Y esto ya lo tenían bien claro los padres de nuestra cultura occidental: no hubo entre los antiguos griegos una máxima mayor que aquella que indicaba que el cultivo del deporte era la otra parte del equilibrio necesario, junto con la del cultivo del intelecto. Por cierto, ya en Homero hay referencias al juego de pelota que muchos siglos después los ingleses harían definitivamente popular, dotándolo de las reglas que aún hoy básicamente tiene.

Pablo Romero dijo...

Y, ciertamente creo que el Estado puede y debe encargarse de fomentar ese equilibrio entre los integrantes de su comunidad. Y no todo pasa por desviar relevantes recursos económicos, claro...Por ejemplo, la televisación gratuita del fútbol como contrapartida de una televisión básicamente tinellizada no sería un mayor gasto y, sin embargo, algo bastante más deseable que la situación actual, no?

Pablo Romero dijo...

Por cierto, precisamente sobre la tinellización de la televisión hablaba hace poco tiempo atrás en este programa radial: http://www.goear.com/listen/967609d/tinelli-romero

Abrazos

Juan Rizzo dijo...

Sin ánimo de polémica (de hecho, te felicito por el artículo), me atrevo a sugerir que parear a Borges con Camus en una columna de tan poca extensión quizás no sea lo más respetuoso para con ninguno de los dos autores.
Creo que Borges comprendió, muchísimo antes que miles de "pensadores posmodernos" que eso que llamamos fútbol se había transformado en "espectáculo de masas", y que cualquier valor intrínseco que puediera haberse asociado al juego (si es que había alguno) era definitivamente secundario en la experiencia de los espectadores. Supongo que en el pensamiento del insigne ciego rioplatense, la "universalización" de cualquier espectáculo era vista con pesimismo orwelliano; como la difusión e imposición de ciertas reglas arbitrarias por medio de la explotación de las pasiones más bajas y la trivialización de todo contenido (algo similar a lo que veía, correcta o incorrectamente, como el mecanismo que había hecho posible el nazismo).
El caso de Camus es diferente. Él interpreta (creo) la experiencia de participar en un partido de fútbol desde el ángulo "existencial", y para él las reglas son arbitrarias ("absurdas") por definición; por lo que esos episodios de aproximadamente noventa minutos en el que se oponen las voluntades de dos equipos bajo el rigor de ciertas reglas arbitrarias bien puede ser interpretado como una especie de "unidad aristotélica" en el que se expresa la tragedia de la condición humana. (Fontanarrosa hace más o menos lo mismo en muchos de sus cuentos, aunque, me animaría a decir, con más estilo y menos pomposidad.) Sin embargo, no lo "veo" (a Camus) defendiendo medidas estatales de "universalización" de la experiencia existencial del absurdo (lo que no sería más que otra instancia del absurdo)
En el fondo, y esto es una opinión personal, creo que es entre otras cosas un problema lingüístico o, si se quiere, ontológico. Más arriba escribí "eso que llamamos fútbol", porque estoy convencido que no tenemos una idea clara de aquello de lo que estamos hablando. Podríamos decir que «fútbol» es esa actividad constituida por un cierto conjunto de reglas, o más exactamente, por la observancia de ciertas reglas por parte de quienes participan en él (pero aquí "participar del juego" no se distingue de "seguir las reglas del juego"). La noción de regla es de por sí imprecisa (como la de juego), y algunas de sus aristas más controvertidas tiene que ver con la capacidad de las reglas para codificar (o "contener") valores (éticos, estéticos, políticos, etc.). En cierto sentido, parece que los sistemas de reglas son impotentes por sí mismos para "contener", y mucho menos "transmitir" cualquier cosa. Por otro lado, no faltará quien desestime este intento de clarificación imputándolo de "intelectualista" o "erudito", y prefiera atenerse a la caracterización más difundida, según la cual "el fútbol es una pasión inexplicable". Pero sería lamentable, porque dejaría poco margen para el debate o la discusión seria. El tema de la llamada "comunicación de masas" y su influencia en la política y la formación de valores éticos es otro asunto complicado, pero me parece que conviene dejarlo para otro momento.
Creo que si se defiende la decisión política de garantizar la publicidad de los encuentros deportivos (y de un deporte en particular), habría que apelar a criterios más pragmáticos y concretos, y no a oscuras virtudes trascendentes de dicha actividad. No hay ninguna razón para sostener que justamente esa actividad, y no otra, es la única (o al menos una de las mejores) formas de (v.g.) "transmitir valores que tienen que ver con la importancia de lo colectivo atendiendo también a las virtudes individuales".
Continúa...

Juan Rizzo dijo...

Resulta curioso que, a pesar de la actual obsesión por "interpretar" y "contextualizar" cada fenómeno cultural, haya quienes persisten en una acrítica defensa de ciertas virtudes "autoevidentes" de determinadas actividades sociales (y esto vale tanto para el fútbol y otros deportes como para la religión, pero también para la práctica artística, o incluso para el funcionamiento de las instituciones académicas). Creo que el tema es complejo, interesante, y quizá más urgente que nunca. Pero precisamente por eso habría que evitar las declaraciones apresuradas.
Me disculpo por la extensión, y me disculpo también si el tono sugiere innecesario antagonismo (en ningún caso fue esa mi intención). De hecho, celebro la existencia de blogs como el tuyo que ayudan a hacer públicas y participativas discusiones de este tipo. Como verás, para mí "el fútbol" también es un tema importante...
Afectuosos saludos,
Juan Rizzo.
Me disculpo por la extensión, y me disculpo también si el tono sugiere innecesario antagonismo (en ningún caso fue esa mi intención). De hecho, celebro la existencia de blogs como el tuyo que ayudan a hacer públicas y participativas discusiones de este tipo. Como verás, para mí "el fútbol" también es un tema importante...
Afectuosos saludos,
Juan Rizzo.

Juan Rizzo dijo...

Esperando que no se tome como una imposición o intrusión, comparto el link a un artículo de opinión sobre este tema (o algo bastante cercano) que algún distraído se atrevió a publicar:
http://www.aimdigital.com.ar/ver_noticias.php?id_nota=105731

Jonatan dijo...

Yo creo Pablo que en un momento donde hay imnumerables recortes al presupuesto nacional, pensar siquiera en patrocinar el futbol, es sencillamente una bufoneria, es solo un mecanismo de dar mas opio al pueblo para que afronten su marginable situacion social (como dijera Marx en su momento de la religion. No habria justicia, porque los equipos de la segunda y tercera division (cuarta y quinta si se quiere tomar con ironía...) también tienen derecho a que sean trasmitidos sus partidos sin importar la audiencia, y no creo que haya tanto presupuesto para que su reparto se haga con justicia. El futbol ya es universal, desde que el estado invierte (muy poco dinero por cierto) en canchas de futbol comunales. Jugar futbol o hacer casi cualquier deporte es divertirse y las personas siempre inviertimos en nuestra diversion, desde que compramos la camiseta del equipillo en el que juegamos, pagamos el pasaje del bus para ir jugar el partido en la plaza, hasta que terminamos agotados de correr tras la pelota nos divertimos. Alcahuetear un sistema tan grande y poderoso como lo son los grandes clubes es algo impensable, el pais tiene muchas necesidades prioritarias. Y gracias por permitir comentar tu blog.

Dante Chalco dijo...

El gran problema de la intención de regularizar el fútbol, pasa por la realidad que, el mismo, está monopolizado por la FIFA y cualquier forma de regularización que quiera obviar esta realidad, se va a estrellar con el deseo de los protagonistas de que "debe y tiene" de figurar dentro de los "parámetros" establecidos. Muchas veces la FIFA ha doblegado voluntades gubernamentales en varios lugares del mundo y recientemente; porque la FIFA esgrime (y es verdad) que es una empresa particular y que deben ser las regulaciones comerciales de los estados, las únicas que pueden tener injerencia y siempre dentro del marco de la ley. Ellos siempre han ganado toda controversia con muchos estados, los jueces les han dado la razón siempre. El acceso universal al fútbol debe nacer de otro tipo de constitución futbolística, diferente al de la FIFA, es decir, debe crearse otra FIFA pero sin FIFA. Eso querría decir que la nueva organización a crear no trabajaría con las asociaciones (clubs) de fútbol; porque la FIFA las federa a todas, mundialmente. La nueva institución debería convocar a todos los futbolistas y entrenadores del Uruguay (y del mundo) y probarlos a todos hasta quedarse con 22, quienes serían la nueva Súper Selección de Selecciones (SSS) de Fútbol del Uruguay y que jugaría en el Campeonato Mundial de Fútbol Súper Selección de Selecciones (SSS) Uruguay 2016, contra las selecciones clasificadas con el nuevo sistema. ¿No está todo dicho en el Proyecto SSS? Distinguido Pablo, te invito a que me ayudes a gestionar este evento cultural. https://docs.google.com/document/preview?id=1af70GwXCySXY23EByZu52xGp6A6Sa3WIf-KdY8xctdI

Pablo Romero dijo...

Estimado Juan, gracias por tu aporte en ideas. Luego, por supuesto que no se está "midiendo" o poniendo en juego bajo ningún punto la obra de Borges o la de Camus por las opiniones que ambos tenían sobre el fútbol. O sea, creo que el tema del "respeto" a la obra de ambos por explicitar en mi columna algo que ellos directamente se encargaron de explicitar en su momento. Me parece un poco obvio este punto, pero lo aclaro porque parece ser necesario hacerlo. Y quizás sea bien pertinente el explicitarlo, claro, más allá de lo que mí me resulte obvio o no. Gracias, pues, por el señalamiento. En segundo lugar, yo no he hilvanado en nombre de Camus la "estatización" del fútbol. Sí he planteado apreciaciones -"simplificando" las posiciones por cuestión pautadas de extensión, pero sin dejar de caracterizarlas en lo básico e importante de las mismas- sobre los vínculos antagónicos que estos dos intelectuales habían tenido con algo –el fútbol- que uno en principio considera que les resulta ajeno. Y porque en ambos casos aparece la dimensión ética y estética vinculada al fútbol y eso creo que ubica las cosas en coordenadas más interesantes para pensar sobre este fenómeno que indiscutiblemente es este deporte llamado fútbol. O sea, Camus viene a cuento de esto que acabo de decir y no como justificativo de que hay que estatizar el fútbol, algo que tampoco estoy diciendo en mi columna, que sí versa sobre el porqué sería bueno que el estado regule el acceso a la televisación gratuita, que no es lo mismo que decir que se debe "estatizar" el fútbol". En tercer lugar, por supuesto que actividades que trasmiten valores "deseables" hay muchas más allá de la de los deportes (mi actividad profesional se basa precisamente en la "ilusión" de que eso es lo que efectivamente hago...y no me refiero a jugar al fútbol, sino al dar clases en secundaria y en la universidad), pero yo no planteo en ningún lugar la "exclusividad" del fútbol, ni pongo en práctica discursiva antagonismos con otras actividades generadoras de valores deseable, ni jerarquizo al fútbol por sobre otras...lo que sí hago es decir que el fútbol es un deporte (y un deporte es ciertamente una actividad humana que no se define por la analítica de sus reglas…o al menos queda muy parcelada la visión del mismo al hacerlo por esas vías) que puede ser apreciado como generador de valores deseables (esa es, como resulta obvio, mi posición). También puede ser visto como lo contrario -y esto era claramente lo que se encargó de señalar Borges en repetidas ocasiones y por eso también la pertinencia de ser citado como muy atendible contrapartida de esta mirada- y en parte la intención de la columna pasa por debatir este punto (de hecho, es lo que ya estamos haciendo ahora, Juan, o sea que en alguna medida cumple su cometido). Sigamos, pues…Abrazos

Pablo Romero dijo...

Jonatan, muchas gracias por tu respuesta. Luego, quiero dejarte en claro que yo no estoy hablando de "patrocinar" el fútbol, sino de regular determinadas trasmisiones (algunos partidos locales importantes, los partidos de la selección), de manera que no se deba pagar para acceder a ellas. Por ejemplo, que el canal estatal televise parte del fútbol local y todos puedan acceder a los partidos, tengan contratado tevecable o no. Esto no sale más caro que bancar algunos programas que el propio canal ya tiene. Es más, si se televisa por cable es porque los clubes ganan más dinero con su vínculo con empresas privadas que manejan el fútbol como "negocio-espectáculo" que con la televisación estatal. O sea, en todo caso una medida de ese tipo a quienes no favorecerían es precisamente a los grandes clubes. Luego, en cuanto a la efectiva inversión estatal en patrocinar y fomentar actividades deportivas, ya tenemos un ministerio para ello y un presupuesto destinado al respecto. Lo cual me parece muy bien, por cierto. La práctica de deportes es algo importante en una sociedad y me parece que existan políticas de estado -y presupuesto de apoyo- al respecto. Sigo insistiendo en que los deportes -y entre ellos el más popular de todos- es algo más que un juego -o nada menos, si entendemos el juego en su real importancia y no como mero divertimento-, en tanto es generador de valores socialmente deseables (algunos los reseñaba muy al pasar en la propia columna). Abrazos

Pablo Romero dijo...

Jorge Luis Borges: "odio al fútbol"
por Zoé Robledo
junio, 2006

Un día como ayer, pero de 1986, la vida de Jorge Luis Borges llegó a su fin. Ayer cumplimos veinte años sin Borges, veinte años sin su genio y sin su pluma. Veinte años sin el escritor argentino más grande de todos los tiempos, el más universal de todos, el que nunca ganó el Nobel. Hoy el mundo, de diferentes formas, lo recuerda.

En ese sentido, vale la pena recordar que entre las filias, obsesiones y temas recurrentes de Borges están los libros, la filosofía, la teología, la matemática, la mitología, el tiempo, la eternidad, el infinito, el destino, los espejos, los tigres, los laberintos y un infinito etcétera. Sus odios y fobias también son varios, pero solo abordaremos uno que es pertinente en estos días de mundial: el fútbol. Y es que en momentos en que coincide la paralización por el Mundial de Alemania y la nostalgia por los veinte años de muerto de Borges, vale la pena recordar lo que Borges opinaba del deporte más popular:

Borges decía "El fútbol es popular porque la estupidez es popular". Para Borges el fútbol es feo estéticamente. "Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos". También llegó a decir que el fútbol es fundamentalmente agresivo, desagradable y comercial. "La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible". Pero Borges no se detuvo en la crítica al deporte, además fue feroz también con su afición a la que calificaba de hipócrita, y es que, según Borges: "El fútbol en sí no le interesa a nadie. Nunca la gente dice 'qué linda tarde pasé, qué lindo partido vi., claro que perdió mi equipo'. No lo dice porque lo único que interesa es el resultado final. No disfruta del juego". Y sobre las implicaciones políticas de este deporte, las opiniones de Borges son implacables. Decía: "El fútbol despierta las peores pasiones. Despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte, porque la gente cree que va a ver un deporte, pero no es así". Y cerraba el desfile de agravios contra el fútbol, acusando a sus creadores, decía: “Que raro que nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol. El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra".

(Hay que aclarar que muchas de las cosas que surgieron de los labios de Jorge Luis Borges horrorizarían si no fueran de Jorge Luis Borges, pero a él se le perdona todo, hasta su mala opinión del fútbol.)

Solo para corroborar la opinión que tenía Borges sobre el fútbol basta una anécdota que lo pinta de manera genial. En 1978, a modo de protesta por el campeonato de fútbol que se estaba realizando en Argentina, Borges, optó por una sutil forma de despreciar y burlarse del fútbol y sus seguidores: El mismo día y a la misma hora en que la selección argentina debutaba en la Copa, dictó una conferencia sobre el tema de la inmortalidad.

Queda claro que en la insólita fusión entre fútbol y literatura hay dos grupos muy marcados. Los escritores para los que el fútbol despierta admiración y que lo han usado como un recurso artístico. Y los otros, los que odian el fútbol y se ofenden por la afición que siente la gente por este deporte. Queda claro también que Borges pertenecía a este segundo grupo.

(sigue)

Pablo Romero dijo...

(continuación)

Pero ahora, veinte años después de muerto, el fútbol se venga de su antagonista más célebre. Sobre la tormentosa relación entre Borges y el fútbol, circula una inverosímil leyenda, una especie de mito urbano que señala, sin más, que el fútbol dejó ciego a Borges. En una supuesta biografía no autorizada de Borges, escrita por un supuesto amigo del escritor, se afirma que en algún momento de 1930 Borges y otros intelectuales decidieron jugar un partido de fútbol, deporte por el que Borges, según esta historia, era un apasionado. En la insólita alineación también estaban Adolfo Bioy Casares, Roberto Arlt, Petit de Murat, Ricardo Güiraldes, Horacio Quiroga, Xul Solar y Julio Cortázar. Bueno, hasta el seudónimo de Borges, Bustos Domec, estaba jugando. Y entonces, sucedió algo que cambiaría la vida de Borges. En un tiro de esquina Borges saltó para rematar con la cabeza, pero perdió el equilibrio al ser empujado y antes de caer al suelo su frente se topó con la rodilla de un jugador contrario. Borges cayó al césped, fulminado y minutos después, ya en el hospital, un neurólogo daba el terrible diagnostico: se le habían desprendido ambas retinas, producto del golpe, y con el tiempo quedaría ciego. Por ello no le quedó otra opción que aprender a escribir. Sin duda la historia parece una especie de homenaje borgiano, es decir, una ficción presentada bajo un formato de realidad.

La coincidencia de fechas entre el mundial y el vigésimo aniversario de la muerte de Borges ya forma parte de esas paradojas de la vida. Pero es que no se podría esperar otra cosa para Borges, este inmortal que cumplió su anhelo de convertir su vida en una larga antología de contradicciones.

Juan Rizzo dijo...

Pablo: Ante todo, insisto en que el artículo me pareció muy bueno. Mis comentarios apuntaban únicamente a la necesidad de un mayor contexto; cosa que evidentemente es imposible o muy difícil en un artículo tan corto (de hecho, la mayoría de los comentarios a este post iguales o
más extensos, de modo que cualquier comparación resultaría injusta). Soy de Argentina, y acá el "fútbol para todos" ha sido aplaudido por algunos como una medida democrática e igualitaria, y denunciado como demagógico por otros. Me parece excelente que en Uruguay se esté dando el debate, preo creo que debería girar sobre rol del Estado en el control de los medios de difusión y no en torno a las virtudes o defectos del "fútbol" (sea lo que sea).
Sobre este último tema (que, reconozco una vez más, no tengo del todo claro), concuerdo en parte con Luzbelita (el nacionalismo y la estupidez pueden originarse en cualquier lado), pero también con Juank (lo mismo sucede con los valores deseables). Lo que contás acerca de chicos con problemas socioeconómicos a los que la práctica deportiva los ayuda a "zafar" de una situación desfavorable y les permite construirse como personas me parece un ejemplo concreto del potencial positivo del deporte (aunque no faltan ejemplos negativos, y no menos concretos). El problema, una vez más, es el contexto...
Para eso está bueno que haya blogs como este. Te agradezco de nuevo por permitir que tus lectores nos animemos a "abrir la cancha" por este medio, aun a riesgo de equivocarnos.
Saludos cordiales,
Juan Rizzo.

Muertevideano dijo...

Estoy en todo con Borges, creo que el futbol está absolutamente sobredimensionado y no aporta nada, ni siquiera entretenimiento porque la gente se hace más problemas con él que divertirse, es lamentable que ahora se le llame cultura a algo como si esto conllevara que es bueno, nada que ver.

Pablo Romero dijo...

Mi comentario final al respecto es que en definitiva lo importante de lo que quise plantear se resume en aquella vieja frase latina de Juvenal: Mens sana in corpore sano
Creo que por ahí pasa el valor deseable del cultivo del fútbol y del deporte en general. Quizás lo mío en este artículo peque de cierta "ingenuidad", pero realmente creo que el deporte bien entendido y fomentado puede colaborar positivamente, aunque solo sea un grano de arena entre otros más importantes y urgentes.
Abrazos y gracias a todos por los comentarios.