martes, 8 de diciembre de 2009

El día que Secundaria se separó de la Universidad (y la pugna IPA-FHCE)

Se cumplen 74 años de la separación de la educación secundaria de la órbita de la Universidad. Efectivamente, el 11 de diciembre de 1935 -y en plena dictadura de Terra- se creó por ley el Consejo de Educación Secundaria. Este hecho instaló inmediatamente una polémica y un debate de ideas que aún tiene sus consecuencias en el sistema educativo uruguayo. Pero, hagamos un poco de historia antes de avanzar algo más sobre el asunto. Entrando en las primeras décadas del Uruguay independiente, tenemos que mientras en 1830 apenas habían dos aulas de nivel terciario –una de Latín y otra de filosofía-, ya en 1833 se pasa a nueve cátedras (Latín, Filosofía, Jurisprudencia, dos de Medicina, dos de Teología, una de Matemáticas y una de Economía Política), en 1836 se reglamentan por decreto los estudios universitarios y en 1838 se crea por otro decreto -bajo el gobierno de Oribe- la Casa de Estudios Generales con el carácter de Universidad Mayor de la República. Y aunque entre 1839 y 1851 el país sufre la Guerra Grande, es en ese período que el Instituto de Instrucción Pública reglamenta la Enseñanza Primaria y Secundaria y Científica (1847), y es un 18 de julio de 1849 que:“se inauguró y se instaló la Universidad de la República. La Universidad tenía bajo su órbita la Enseñanza Primaria, Secundaria y la Científica Profesional.La Enseñanza Primaria quedaba en realidad bajo la supervisión del Instituto de Instrucción Pública; y este Instituto bajo la dirección de la Universidad.
La Enseñanza Secundaria comprendería: Latín, Francés, Inglés, Estudios Comerciales, Física-matemática, Filosofía, Retórica, Historia Nacional, Principios de la Constitución.” (Nahum, Benjamín (Coord.), Historia de la Educación Secundaria. 1935-2008, CES, Montevideo, 2008, pág. 14)

En 1854 tenemos el “Informe Palomeque”, que supone la primera mirada de diagnóstico de la situación de nuestro sistema educativo y que contenía también su lado de recomendaciones, aspecto que -por falta de presupuesto, de maestros preparados y de textos- no pudo llevarse adelante.  
Entre medio de las convulsiones políticas y económicas de la época -guerras civiles incluidas- no se pudo orquestar un Sistema Educativo Nacional, pero sí se marcaron allí lo que serían sus bases. 
Y ya en el período que va de 1860 a 1900 tenemos las reformas en la universidad, con las inmediatas repercusiones en la enseñanza secundaria. En estos años, marcados por un período dictatorial, la búsqueda de la fuerte consolidación del estado naciente y la reforma vareliana, “va a quedar establecido el Sistema Educativo Público en tres pilares: Primaria: extendida a todo el país fuertemente centralizada por la reforma vareliana. Enseñanza Técnica: incipiente, con amplios posibilidades materiales de desarrollo. Enseñanza Secundaria y Superior: Centradas en la Universidad, con planes y programas específicos en sus tres Facultades, Derecho, Medicina y Matemática y en su Sección de Enseñanza Secundaria.” (Op. Cit, pág. 17)

Entre medio, el debate entre positivistas y espiritualistas marcaba el tinte intelectual del país, que tuvo sus capítulos referidos a la educación pública particularmente con la rica polémica de ideas que se suscitó entre José Pedro Varela y Carlos María Ramírez. 
Sobre fines del siglo XIX, -al final de los quince años en que Alfredo Vásquez Acevedo fue rector de la Universidad- eran unos 500 alumnos los que en total se contabilizaban como estudiantes de secundaria y la universidad. Secundaria funcionaba en el mismo edificio de la universidad, como una sección de ésta (creada precisamente en 1880 a propuesta de Vásquez Acevedo), lo cual tenía que ver en buena medida con la concepción que de ese nivel educativo se tenía:

“La enseñanza Secundaria Preparatoria, tenía una larga tradición en Uruguay. La misma se caracterizaba por considerar esa educación como preparación y antesala de los estudios universitarios relacionados con las carreras liberales. La ley orgánica de 1885 definía los fines de Secundaria: “…ampliar y completar la educación instrucción que se da en las escuelas primarias y preparar para el estudio de las carreras científicas y literarias; por su parte la Enseñanza Superior se contaría a la preparación y habilitación para el ejercicio liberal” (…) En ese sentido la Educación Secundaria se caracterizaba por su carácter exclusivo, respondiendo a las demandas de los sectores sociales que poseían los recursos para desarrollar estudios universitarios” (Op. Cit, pág. 19)

Pero, a su vez, ya estaba instalado en ese período el dilema de tener una enseñanza secundaria que fuese propedéutica a los estudios universitarios o el de tener una educación secundaria que apuntara a una formación más general y con un carácter más inclusivo y extensivo (será esta segunda opción, por cierto, la que finalmente se va a imponer en el correr del siglo XX). 
Y así vamos llegando al año 35’, donde finalmente se da esa separación de secundaria del ámbito universitario, lo cual trajo consigo una intensa polémica y que en los hechos supuso un mojón central en la historia de Secundaria y representó la efectiva desvinculación de la Enseñanza Media de la órbita universitaria, dejando de ser una Sección Secundaria y Preparatoria de la Universidad. Desvinculación en el marco de una dictadura y que supuso diferentes posicionamientos de autoridades, docentes, gremios y alumnos:

“La idea de transformar este sector de la educación, que mostraba una clara tendencia al crecimiento, ya estaba en la agenda universitaria. El debate interno centrado en las dimensiones pedagógicas planteaba los fines de Secundaria y el lugar institucional más conveniente para evitar que esta rama quedara reducida a una mera antesala de estudios universitarios. Su ubicación como Sección Secundaria y Preparatoria dentro de la Universidad de la República estaba en debate desde la década del veinte. El rechazo a la ley de 1935 obedecía a la modalidad y al contexto en que se produjo, y a la convicción de que el gobierno quería ejercer una vigilancia política en esta rama, hasta entonces fuera de su alcance. (…) Mientras las autoridades universitarias y el cuerpo docente sostenían que era necesaria una transformación de la educación media y se basaban en argumentos pedagógicos, el gobierno buscaba un control de esta rama de la enseñanza hasta ahora protegida por la autonomía universitaria.” (Op. Cit, pág. 43 a 45)

En ese entonces, el filósofo más importante que ha registrado la historia del pensamiento uruguayo, ejercía el rectorado de la Universidad. Carlos Vaz Ferreira, que era desde hace años figura central en la vida intelectual y educativa del país, sería contundente en su apreciación sobre la situación, acompañando el posicionamiento de estudiantes y de la Federación de Magisterio, entre otros, en medio de una situación de resistencia que llegó a tener enfrentamientos muy duros:

 “Para la Universidad fue una gran encrucijada. El Consejo Central Universitario rechazó la ley basado en que no había contado en la Cámara de Diputados con el quórum necesario para crear un Ente y estudió interponer el recurso de inconstitucionalidad. El Dr. Carlos Vaz Ferreira- rector de la Universidad- consideró la separación de Secundaria de la Universidad como un “horror pedagógico, administrativo y moral”, destacando que la norma era inconstitucional, de tendencia regresiva porque subordinaba la enseñanza al poder político y afectaba la organización e integridad de esa casa de estudios. Significaba para el rector una clara intromisión del poder político en el ámbito educativo realizada por una comisión ajena a la Universidad mientras precisamente el Claustro de la Universidad estudiaba un estatuto coordinador de toda la enseñanza bajo la dirección de la Universidad. 
Los estudiantes fueron los actores más activos y quienes llevaron a delante una sostenida y decidida movilización en defensa de la autonomía y contra la reforma que separaba la enseñanza Secundaria y Preparatoria de la órbita de la Universidad de la República. Fue un motivo más de enfrentamiento del sector estudiantil opositor a la dictadura terrista. Las reacciones contra el proyecto de ley de Creación de Enseñanza Secundaria, principalmente en el sector estudiantil fueron importantes, y consistieron en huelgas, asambleas, manifestaciones y choques callejeros con la policía, entre las que se destacaba la resistencia protagonizada por los estudiantes de Enseñanza Secundaria. En dichas manifestaciones participaron también diversas fuerzas populares e instituciones culturales como la Federación de Magisterio.” (Op. Cit, pág. 53-54)

En medio de este conflictivo marco, se ponía fin a la dependencia de secundaria del ámbito universitario, período que abarcó de 1849 a 1935 y en donde la enseñanza media era considerada meramente como preparatoria para los estudios universitarios..
El primer Consejo Nacional de Enseñanza Secundaria tuvo como su primer Director a Eduardo de Salterain Herrera y las tareas que tuvieron que enfrentar fueron varias y variadas, en tanto comenzó un acentuado crecimiento y expansión del sistema, sumando más alumnos, más docentes, más liceos. E incluyendo diversas realidades socio-económicas. 
En julio de 1949 se crea por ley el instituto de Profesores -y por un artículo de otra ley de agosto de 1950 se le denomina “Artigas” (al cumplirse en ese año el centenario de la muerte del prócer)- y en 1951 comienza funcionar el IPA, bajo la dirección de Antonio Grompone.
Y aquí, en este punto de la Historia, sería importante centrarnos directamente en la dupla Vaz Ferreira-Grompone, en sus dos visiones sobre la formación docente, que preceden y determinan, en buena medida, la creación del IPA por un lado y la creación de la Facultad de Humanidades y Ciencias por el otro, hechos que están, en definitiva, estrechamente vinculados a esa proceso de separación de secundaria del espacio universitario, iniciado en 1935. Este punto supondría otro desarrollo mucho más específico, que va más allá de las intenciones de este breve artículo, pero aún así quisiera señalar al pasar que el punto central de esas diferentes perspectivas parece remitir a la manera de concebirse la institucionalización de la formación de profesores: mientras Vaz Ferreira apunta a un docente poseedor de una vasta cultura general, poseedor de un “espíritu libre” y autónomo como materia intelectual y ética necesaria para formarse y ejercer la docencia, de un saber desinteresado por oposición a un saber utilitario, alejado de la idea de que estudiar y formarse es rendir exámenes académicos y que señalaba el peligro de terminar asociando la enseñanza a una pedagogía restringida que alimentara un sistema educativo basado en la mera funcionalidad social y fiscalización institucional del saber; tenemos que en Grompone se apunta a un docente profesional que esté preparado para su actuación en la emergente y compleja realidad social del contexto de enseñanza media y sus particulares actores involucrados antes que apuntar a cómo se forma individuo/docente en su “espíritu libre”, contemplando las consecuencias de la masificación del ingreso de estudiantes a la enseñanza media y los nuevos objetivos a partir de esa situación, que ya no podían ser el de únicamente tomarse como una enseñanza de estudios preparatorio para el ingreso a la universidad o el de un sostener una elite cultural. Y sobre estas dos visiones, que son posibles de señalar una como “idealista” y otra como “práctica”, es que se proyectarán dos instituciones que, en alguna medida, aún están en pugna respecto de la formación y práctica docente: el Instituto de Profesores Artigas (IPA) y la actualmente denominada Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE). Y este dilema, determinante histórica e institucionalmente en la historia de la educación uruguaya, en nuestra concepción de la formación docente, entre dos posiciones diferentes respecto de la misma -que considero es, en definitiva, una falsa oposición (como gustaría seguramente de plantear Vaz Ferreira el asunto, consecuente con su lógica viva)- aparece tan vigente hoy en día -y quizás más preocupantemente presente- como en esos años 40 y 50’ del siglo pasado. Por eso, en momentos de conmemorarse otro aniversario de la separación de secundaria de la universidad, parece ser importante para el actual debate educativo volver a poner el tema en el espacio del diálogo público.

Algunas breves reflexiones finales

Quisiera en este punto esbozar y arriesgar alguna hipótesis, buscando desarrollarla debidamente en posteriores instancias de diálogo y debate: a) La particular historia de la gestación de la enseñanza media uruguaya, incluyendo su “traumática” separación de la Universidad, es condición de algunos problemas actuales aún no resueltos en el terreno de la formación docente para este nivel educativo. Así, las perspectivas de Vaz Ferreira y Grompone sobre la formación docente no hacen más que explicitar –y finalmente institucionalizar- un problema heredado desde la historia misma de nuestra conformación como nación y acuciante en determinado momento de nuestra historia educativa. b) La separación de la enseñanza secundaria de la Universidad, resuelta en un contexto de crisis institucional del país, sin un debido debate y finalmente generando una marcada separación formativa, entre un perfil docente apuntando a las necesidades sociales y prácticas del contexto del alumnado de secundaria y otro perfil apuntando a la libre formación e investigación universitaria, terminó a la larga afectando a ambos niveles (secundaria y universidad) y es un problema fuertemente presente, de delicado costo intelectual y cultural para el país, aunque no debidamente explicitado (y por ello mismo traer a escena a Vaz Ferreira y Grompone puede ser determinante para retomar un debate inteligente sobre el asunto). c) La mencionada separación ha generado a la larga un negativo divorcio entre docencia e investigación. d) El sistema educativo nacional necesita una re-estructuración, que contemple la posibilidad de inyectar de más “espíritu” universitario a la formación docente para secundaria, y una Universidad que a su vez se involucre marcadamente con la realidad social circundante, con el contexto inmediato y sus problemas, y que contemple debidamente en su perfil la formación pedagógica y –particularmente- la reflexión desde el espacio de la Filosofía de la educación. En este sentido, se me ocurre que quizás la idea de una Universidad Pedagógica Nacional –que por estos lares ha sido planteada pertinentemente por el profesor y filósofo Mauricio Langón- sea una buena iniciativa a tener en cuenta, quizás -agrego- matizando y sintetizando en ella las perspectivas de Vaz Ferreira y Grompone.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El día después de las elecciones presidenciales

Los resultados electorales de la segunda vuelta han confirmado lo que las encuestas marcaban ya varios días antes: José “Pepe” Mujica es el nuevo presidente de Uruguay. El carismático ex guerrillero y líder histórico del Movimiento de Participación Popular (MPP), cuya vida amerita a estas alturas novelarse y llevarse a las pantallas del séptimo arte, asumirá en marzo próximo como presidente de todos los uruguayos, comandando el segundo período de gobierno de la izquierda uruguaya. 
Y siendo una noche de festejo para la mayoría de la ciudadanía–y para todos teniendo en cuenta que nuevamente fue una jornada de festejo democrático y ejemplo de tolerancia y respeto -, el día después ya se empezó a palpitar y a cobrar relevancia en la escena política local. 
En este sentido, el primer discurso de Mujica como presidente electo ya ha tenido una importancia central, al menos desde el punto de vista de las intenciones: su resonada sentencia, a pocos minutos de conocer su victoria en las urnas, de que “no hay vencidos ni vencedores” –frase de espíritu artiguista y utilizada en nuestros pagos para sellar la paz en épocas de la Guerra Grande-  y su apelación a la unidad política a favor de todos los uruguayos más allá de las divisas partidarias, es un auspicioso síntoma inicial respecto de avanzar en políticas de estado que vayan más allá de la partidocracia, enfermedad crónica de varias sociedades democráticas, incluida la uruguaya . Es que no es un asunto menor, sobre todo para un país pequeño y aún dependiente como el nuestro, que se avance en este sentido en los próximos cinco años. A su vez, el derrotado en las urnas, el líder nacionalista Luis Alberto Lacalle, también sostuvo en su discurso un tono conciliador y de mirada más allá de los resultados puntuales y los meros intereses partidarios.  
¿Se concretarán finalmente estas buenas intenciones iniciales? ¿Es posible lograr acuerdos luego de una campaña electoral que fue bastante ríspida por momentos y en donde primaron las descalificaciones personales más que las ideas? ¿Es posible dejar de lado las diferencias ideológicas tan marcadas en algunos puntos y concentrarse en aquellos ítems en los que se tiene o se puede tener una mirada en común? El día después, que es en definitiva el día más importante para todos, nos irá despejando estas dudas. De momento, estas buenas intenciones son solo las del minuto después. En tanto, hay mucho análisis por hacer sobre otro día histórico, en donde la izquierda uruguaya sale fortalecida, logrando llevar a la presidencia a una figura fuertemente cuestionada por la oposición y que, paradójicamente, podría ser quien dé un histórico paso en cuanto a lograr quebrar el viejo vicio político uruguayo de gobernar sin el otro, sin el perdedor en esa dicotomía de izquierda versus derecha. El tiempo lo dirá. Y la voluntad política, claro.

lunes, 9 de noviembre de 2009

20 años después del Muro de Berlín: reflexiones para el debate

Estimados/as, el diario El Observador publicó en su tapa del día sábado y en las primeras 7 páginas un informe especial sobre los 20 años de la caída del muro de Berlín. Les transcribo la nota de la periodista María de los Ángeles Orfila que abre el informe, y en donde participamos dando nuestro punto de vista el docente e investigador Mario Dotta, el historiador y politólogo Jaime Yaffe y yo.
A su vez, les invito a descargar el informe completo del diario El Observador sobre el tema, que incluye además de esta nota inicial, un artículo de Guillermo Chifflet, de Julio María Sanguinetti, testimonios de participantes directos en el evento histórico, datos, referencias a los otros muros que aún existen en el mundo y una cuidada producción fotográfica. Muy recomendable el trabajo de El Observador.
Pueden descargar el informe completo desde este link: http://www.box.net/shared/6ufcnkilih 

Y acá va la nota inicial del informe:

20 AÑOS DESPUÉS DEL MURO

Fue un momento clave en la historia de la humanidad y en su lucha por la libertad. Se cumplen 20 años del fin de una era signada por la confrontación de dos superpotencias, un conflicto Este-Oeste que hoy adquirió nuevos ribetes 

Aquel día de gloria

POR MARÍA DE LOS ÁNGELES ORFILA
DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR

Christel Reuters vio cómo se colocaba bloque de concreto sobre bloque de concreto aquel 13 de octubre de 1961 sin saber qué pasaría con unos familiares que habían ido a visitar a una tía del lado Oeste del nuevo muro que, horas después, tenían prohibido traspasar. “El gobierno comunista no vio otra solución para evitar que se desangrara su país y construyó este maldito muro en una noche del sábado al domingo. En ese momento fueron separadas muchísimas familias”, inclusive la de esta ex intérprete de la Embajada de Uruguay en Berlín Oriental, como ella misma lo relató a El Observador.
Mario Dotta, profesor de Historia Contemporánea en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (UdelaR) e investigador especializado en el socialismo real, recordó que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) comenzó a impedir el abastecimiento por el corredor aéreo que separaba a las dos Alemanias y la fricción entre “las dos vidrieras” hacía inminente que se produjera un estallido de fuego y sangre entre dos organizaciones sociales y dos concepciones del hombre y del mundo antagónicas: por el Oeste, libertad y abundancia de bienes materiales; por el Este, igualdad esencial (aun cercenando la libertad). 
Tres millones de ciudadanos de la República Democrática Alemana (RDA), especialmente profesionales, habían dejado el territorio oriental desde fines de la segunda guerra mundial. La barrera “protectora antifascista” vino a detener el flujo de emigrantes y de contrabando, entre otras cosas, de pantalones de jeans y a retenerlos, si era necesario, con disparos a lo largo de 155 kilómetros vigilados al milímetro. “En momentos previos al muro de Berlín y a la caída del socialismo de Alemania Oriental (el régimen) se había transformado en algo policial”, manifestó Motta. Cerca de 200 personas murieron al intentar escapar a la República Federal Alemana (RFA) y se estima que más de 100.000 ciudadanos de la RDA trataron de hacer una rendija, un túnel y hasta un globo y pasar sin ser vistos por los guardias que tenían la orden de matar.
La lejanía con la familia, la amenaza permanente de espionaje y la alta de libertades(ver testimonios en páginas 4 y 5) condujeron al cúmulo de odio y al martillazo que abrió el primer boquete en el muro de Berlín 28 años después de su edificación. ¿Pero el mundo aprendió la lección que le dejó esta cicatriz?

DETRÁS DE LA CORTINA. “El socialismo real poco tuvo que ver con Karl) Marx”, declaró Dotta. Hizo tal afirmación para contradecir a quienes vieron en la caída del muro de Berlín el día que comenzó el fracaso del marxismo. “Al pueblo no se le movió un pelo. Al contrario, el pueblo saluda y contribuye (a la desaparición de la URSS). Por lo tanto, era un régimen divorciado del pueblo. Cosa impensable en un proyecto marxista”, relató a El Observador. La desconexión entre gobierno y pueblo era un pecado que se arrastraba desde los tiempos de Joseph Stalin, muerto en 1953.
Marx proponía un mundo nuevo con la extinción del Estado que se trocaría por organismos administrativos y de las clases sociales, con una racionalidad productiva y distributiva democrática y libertaria, para hombres buenos. Según Dotta, “los hombres que convirtieron la doctrina de Marx en doctrina de partido se olvidaron de la evolución del hombre”. El resultado, a su juicio, fue un régimen con una ideología política convertida en religión fanática, con un fuerte culto a la personalidad, opresivo y mentiroso, que se escudaba en la eliminación de la propiedad privada, pero que reservaba las mejores propiedades, servicios y alimentos para los miembros del gobierno. 
El investigador en filosofía política Pablo Romero sostuvo que la gran lección de la caída del muro de Berlín -y de todo el siglo XX- es que “no hay igualdad posible sin libertades”, pero a 20 años de este hecho histórico, en su opinión, “la guerra fría sigue latente porque este dilema aún no fue resuelto”.

Extrañeza oriental

Mientras que el mundo asistía al crac del socialismo real, en Uruguay pasaba una cosa rara, a juicio del historiador y politólogo Jaime Yaffé. El Partido Comunista (PCU) conseguía una votación histórica en las elecciones de 1989 y se transformaba en el sector más importante del Frente Amplio. Con efecto retardado, se desmembraría tres años después y, en los siguientes comicios, quedaría relegado a una condición minoritaria.
No es correcto decir que sufrió una consecuencia inmediata. El éxito de 1989 fue capitalizar para sí el crecimiento del partido, dijo Yaffé a El Observador. Las virtudes de la estrategia electoral incluido el Profesor Paradoja se basaron en una presentación del sector más como fuerza frenteamplista que comunista. Logró que el mundo no se le metiera adentro, agregó el experto. El auge del PCU terminó siendo transitorio.

NUEVO MUNDO, MISMO PROBLEMA. Los súbitos hechos del 9 de noviembre de 1989 y el posterior descalabro de la URSS hicieron borrón y cuenta nueva en el planisferio que dibujaban los escolares desde 1945.
“Fue un cambio en el orden político mundial mayúsculo”, definió el historiador y politólogo del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR, Jaime Yaffé.
Estados Unidos, líder del bloque occidental, asumía el mando de un mundo, ya no bipolar, sino unipolar, y la supuesta tarea de vigilancia de la democracia, la libertad y la justicia revalorizadas a partir de la caída del muro de Berlín como única superpotencia planetaria. Las intervenciones militares en Panamá (1989), Irak (1991), Somalia (1992), Haití (1994),Bosnia (1995) y Kosovo (1999) sirvieron para consolidar su imagen de estabilizador incluso en los ambientes más hostiles. 
“Sin contrapesos, podía imponer una hegemonía amplia y libre, pero los años posteriores demostraron que este pronóstico estaba errado”, señaló Yaffé. Francis Fukuyama había propuesto el fin de la Historia con el triunfo de la democracia liberal. Romero recordó que, en una primera instancia, EEUU parecía haber ganado “la autorización moral” de erigirse como la única ideología debido a lo que el derrumbe del muro dejó ver detrás de la cortina de hierro, un régimen de opresión y muerte. Empero, la ilusión de paz de Fukuyama fue efímera porque se olvidó de la única constante de todas las posguerras: el hombre.  
La estructura geopolítica resultante a fines del siglo XX pasó a caracterizarse por el desorden y, cerrada la grieta que atravesaba Alemania, Occidente y Oriente abrieron nuevos focos de tensión, ya no entre capitalismo y comunismo, sino en palabras de George W. Bush entre “nosotros y los terroristas”. “El atentado a las torres gemelas en 2001 fue la materialización de que EEUU no podía mantener el orden solo”, completó Yaffé. El yihadismo ocupó el lugar de enemigo que la URSS había dejado vacante.
Romero retomó el célebre postulado del choque de las civilizaciones de Samuel Huntington, ahora por conflictos más culturales que ideológicos. “Occidente contra Oriente en bloque sigue siendo la misma política de generar enemigos”, afirmó a El Observador.  
A juicio de Romero, las democracias liberales occidentales no pudieron satisfacer las exigencias de libertad, justicia social y derechos humanos que la humanidad reclamó tras la caída del muro de Berlín, como tampoco el sistema capitalista -modelo del bando “vencedor”- pudo mantenerse invicto ante un adversario que se gestó en su interior. “La reciente crisis económica de EEUU alimenta que el capitalismo desenfrenado tampoco es buen puerto para las libertades, o para cortar las brechas sociales”, afirmó el profesor de filosofía. 
Como contrapropuesta, Romero sostuvo que el desafío del siglo XXI es lograr una síntesis entre liberalismo y socialismo, una economía de mercado con un Estado interventor pero moderado, al estilo de las socialdemocracias modernas que buscan conjugar la libertad individual, la libertad del mercado económico y una redistribución social más justa. Exactamente como si corriera por el medio de una de las mayores vergüenzas del ser humano y para derribar otras que todavía siguen en pie.

domingo, 19 de julio de 2009

Vaz Ferreira: documental online

Estimados/as, el año pasado se cumplieron 50 años de la muerte de Carlos Vaz Ferreira, el filósofo uruguayo más importante, y -entre los varios homenajes llevados adelante- el realizador Aldo Garay filmó y produjo para TV Ciudad un trabajo de acercamiento a la vida y el pensamiento vazferreireano, en el que participamos Yamandú Acosta, Agustin Courtoisie, José Seoane y yo, entre otros. Quisiera compartirles los fragmentos de este documental, esperando seguir acercando la obra de Vaz al debate público. Y les invito a debatir sobre el documental –y lo allí expuesto en ideas introductorias sobre Vaz- en este mismo espacio del blog. 

Los links del documental son:

http://www.youtube.com/watch?v=AmRpz8vCejs (1ª parte)

http://www.youtube.com/watch?v=ig5r0b40lhQ (2ª parte)
Aunque también lo pueden ver directamente desde aquí:


viernes, 10 de julio de 2009

El latinoamericanismo, el intelectual y la esfera pública

Estimados/as, en el programa El LadOculto, conducido por Gerardo Sotelo, se realizó en el mes de abril (y se puso al aire en junio) una edición especial sobre la vida y obra de José E. Rodó, en el que participamos Agustín Courtoisie, Romeo Pérez, Daniel Mazzone, Malena Rodriguez y yo; y les invito a compartir –y a eventualmente debatir sobre lo allí dicho- dos fragmentos del programa en el que se tocan aspectos como la integración latinoamericana, el intelectual y la esfera pública, desde una posible perspectiva rodoniana. 

Los links para ver ambos videos(uno de 7 minutos y otro de 5)son:

http://www.youtube.com/watch?v=RGyU5UlmKlw (sobre la integración latinoamericana)

http://www.youtube.com/watch?v=REhk6cqqN4Q (sobre los intelectuales y la esfera pública)
Aunque los pueden ver directamente aquí:






lunes, 29 de junio de 2009

Entre Mujica y Lacalle, voto por Vaz Ferreira

Los resultados de las elecciones internas en Uruguay confirmaron lo previsto por las encuestadoras locales: finalmente los candidatos oficiales de los partidos políticos con más posibilidades de triunfar en las próximas elecciones nacionales serán José Mujica, por el Frente Amplio, y Luis Alberto Lacalle, por el Partido Nacional.  
Instalados ambos candidatos –al menos en el imaginario colectivo- uno a la izquierda más izquierda y otro a la derecha más derecha de sus respectivos sectores políticos, la situación sugiere que la postura ideológica más de centro en el espectro político local -representadas en estos Partidos por el candidato frentista Danilo Astori y el candidato nacionalista Jorge Larrañaga- ha sido la gran derrotada en estas elecciones primarias en Uruguay. 
Qué tanto se correrán hacia el centro los candidatos ganadores en sus próximos discursos es algo que no podemos tener muy claro, aunque lo que sí tenemos claro es que ninguno podrá ganar las próximas elecciones nacionales sin el apoyo de esos votos más centristas que apoyaron –y en importante número, pese a la derrota final- a los candidatos no elegidos, y sin el voto posiblemente menos radical y menos militante que no participó en estas primarias. O sea, posiblemente haya en ambos contendientes un corrimiento discursivo hacia el centro, pero buscando a la vez congraciar con ese voto cautivo que está “más a la izquierda” y “más a la derecha” -con esa visión y lectura dicotómica de la realidad política- y que en esta ocasión le apoyaron e hicieron triunfar. 
¿Qué es lo deseable que suceda? Pues lo deseable para toda democracia sana y madura políticamente, que necesitará a corto y largo plazo de acuerdos extra-partidarios y de no caer en la nefasta lógica de la partidocracia y el radicalismo infantil (que tanto nos cuesta y ha costado como sociedad) es que finalmente acceda al gobierno el partido y el candidato que efectivamente comprenda y ponga en práctica una política de articulación, de equilibrios y moderación, que supere los meros intereses de clases y los corporativismos de signo negativo para conjugar políticas que beneficien en la mejor medida posible al conjunto de la población.
La idea aristotélica de la virtud política, que se halla precisamente en cultivar ese punto medio entre los excesos de los extremos, sería el mejor ejemplo a seguir en este caso. Pero sin irnos tan lejos en el tiempo y las geografías, es en nuestro filósofo uruguayo más importante donde encontramos el marco teórico –y sus inmediatas consecuencias prácticas, por supuesto- y la sensibilidad filosófica e ideológica que sería más deseable que desarrollaran y llevaran adelante finalmente estos candidatos o al menos el que sea elegido como Presidente.
Es, pues, en Vaz Ferreira -tan nuestro y tan a nuestro alcance- que se encuentra el filósofo de cabecera recomendable para nuestros partidos políticos y nuestro próximo Presidente. Y esta recomendación tiene sus fundamentos, que son los que trataré de exponer de forma clara y sintética. Por cierto, no se trata aquí de hacer un tratado sobre el pensamiento general de Vaz Ferreira, sino de discurrir sobre esta situación electoral -que presenta dos candidatos “polarizados”, ubicados a los “extremos” del espectro político local- a partir de lo que Vaz Ferreira plantea particularmente en su obra Sobre los problema sociales, publicada en 1922 (aunque acoto, por cierto, que leer Lógica viva, la gran obra de Vaz, ayudaría a iluminar de mejor forma el asunto. Y Sobre la propiedad de la tierra sería la otra obra que creo conforma la tríada complementaria de lecturas de Vaz Ferreira sobre este asunto que considero vital llevar a cabo). 
En Sobre los problemas sociales, Vaz Ferreira comienza planteando la interrogante de si es posible resolver aquello que denominamos “el problema social” y en qué sentido sería posible resolverlo. Este asunto, señala a continuación, requiere de una solución de elección, que no será ciertamente perfecta, y que supone considerar todas las soluciones posibles, analizar ventajas e inconvenientes de cada una de esas soluciones y, por último, realizar una elección concreta. Esto tiene sus inconvenientes, que Vaz señala claramente: no resulta posible sopesar todas las teorías posibles –incluyendo aquellas que escapan a nuestras posibles previsiones-, ni efectivamente contemplar todas las ventajas y desventajas posibles, y, además, siempre tenemos el asunto de la subjetividad de las preferencias individuales en esta cuestión del “problema social”.
Sin embargo, lo que hay que alcanzar es precisamente una solución de elección y para esto lo primero sería comenzar por:

“(…) algo utilísimo y bueno, que es lo primero que voy a tratar de sintetizar aquí; y es empezar por investigar si hay tanta oposición real como aparente, si no debería haber un acuerdo mayor; si está bien que, como ocurre en la práctica, las tendencias y las teorías luchen como si fueran contrarias en todo y desde el principio –o si todas esas tendencias deberían tener una parte común, sin perjuicio de que el resto siguiera siendo materia de discusión. Y es esto último que voy a tratar de mostrar: que, en vez de oposición y lucha total (por ejemplo: de conservadores contra socialistas, anarquistas, etc.), como hay en gran parte y como se cree que tiene que haber, los espíritus comprensivos, sinceros, humanos, pueden y deben de estar de acuerdo sobre un ideal suficientemente práctico, expresable por una fórmula, dentro de la cual caben grados. Entendámonos ya: esa fórmula no suprime el desacuerdo, y aún cabe mucho desacuerdo dentro de ella; pero desacuerdo ya sólo más bien de grado, dentro de la fórmula…” (Sobre los problemas sociales, vol. VII de la Edición de Homenaje de la Cámara de Representantes, pág. 21)

Y es, entonces, a partir de este punto que el autor aborda aquellas dos tendencias ideológicas dominantes que existen en torno al problema social y que, en buen grado, están vinculadas precisamente a las líneas ideológicas que representan Mujica y Lacalle dentro del actual espectro político uruguayo, entendiendo lo que Vaz Ferreira entiende por una y otra, su particular y precisa manera de caracterizarlas y considerarlas:

“La oposición fundamental es la lucha de la tendencia individualista y la tendencia socialista; ésta es, diremos, la oposición polarizante.
Bien: si se examinan esas tendencias como se presentan, hacen más o menos este efecto al que no está fanatizado ni unilateralizado:
El “individualismo” se presenta como la tendencia a que cada individuo actúe con libertad y reciba las consecuencias de su actos (esto, esencialmente; pues la parte de “beneficencia” que admite el esquema individualista, es como simple paliativo). Y esa tendencia así formulada produce al espíritu sincero y libre, una mezcla de simpatía y antipatía.
Simpatía, porque la tendencia es ante todo favorable a la libertad, que es uno de los determinantes de la superioridad de nuestra especie. Y porque es favorable a la personalidad. Y porque es favorable a las diferencias individuales. Y porque es tendencia fermental… Capacidad y posibilidades de progreso… Fondo humano de todo ello, en la psicología individual, y en el instinto de nuestra especie en marcha…
Pero produce, la tendencia, también antipatía.
Ante todo, por su dureza: cierto que generalmente suele presentarse paliada por la beneficencia; pero ésta, encarada como caridad, no nos satisface.
Y, además de su dureza, el individualismo nos aparece como la teoría que de hecho sostiene el régimen actual; y entonces, va hacia ella nuestra antipatía: por la desigualdad excesiva, por la inseguridad; por el triunfo del no superior, o cuando más del que es superior en aptitudes no superiores, por ejemplo la capacidad económica. Demasiado predominancia de lo económico, absorbiendo la vida…Y justificación de todo lo que está, como la herencia ilimitada, la propiedad de la tierra ilimitada…, etc.
Ahora, el “socialismo” nos produce, desde luego, efectos simpáticos, por más humano: hasta su mismo lenguaje y sus mismas fórmulas…más bondad, más fraternidad, más solidaridad; no abandonar a nadie; también tomar la defensa del pobre, del débil… Simpático, también, por la tendencia a la igualdad, en el buen sentido… Simpático, todavía, por sentir y hacer sentir los males de la organización actual, y así mantener sentimientos y despertar conciencias. Y tal vez, también, capacidad de progreso en otro sentido…
En cambio, antipático, o temible, por las limitaciones, que parecen inevitables, para la libertad y para la personalidad. Limitaciones a la individualidad. Tendencia igualante, en el mal sentido… Claro que eso no está siempre consciente en la doctrina: adeptos de ella buscarían la realización, no a base de imposición, permanente o pasajera, sino de sentimientos; pero entonces el socialismo se nos aparece como una de esas tendencias que supondrían un cambio psicológico demasiado grande y que ya utópicas para la mentalidad humana…Y así, podría decirse, en este primer examen, que al socialismo parece presentársele una especie de dilema: o utopía psicológica, o tiranía…Autoridad, leyes, gobierno, prohibiciones, imposiciones, demasiado de todo esto. Y demasiado estatismo (…) admitiendo la posibilidad de una organización perfecta –sobre todo si llegara a ser perfecta- de los servicios por el Estado, considerar precisamente esa perfección como algo antifermental, algo que tiende a suprimir la personalidad, la individualidad y las posibilidades de progreso. Esto último lleva a sentir al socialismo, también como algo que fija, como algo que detiene; y pensamos en esas organizaciones, de los artrópodos, por ejemplo, en que la perfección va unida a la detención del progreso.
Y, así, si recibimos los conceptos y tendencias como se presentan y si nos sometemos a su acción sinceramente, el resultado será la duda, la oscilación…
Y la oposición de esas dos tendencias es, en verdad, lo fundamental: el análisis de otras nociones, propiamente no agregaría nada esencialmente a ellas. (…) repitámoslo: lo esencial sigue siendo el conflicto de las ideas de igualdad y de libertad (con las tendencias respectivamente conexas).” (págs. 22 a 25)

Siendo evidente que en líneas generales y en los puntos neurálgicos es asociable la idea de socialismo e igualdad con las propuestas de Mujica y el Frente Amplio, y la de individualismo (liberalismo, sea quizás más adecuado a nuestro contexto y jerga política) y libertad con el Partido Nacional y la figura de Lacalle, y con esta dicotomía liberalismo/socialismo que plantea Vaz Ferreira, centrándose en el planteo de la oposición libertad/igualdad, es que creo que este análisis de nuestro filósofo recobra una actualidad inmediata y necesaria. 
¿Y qué solución de elección finalmente plantea Vaz? Nuestro autor considera que hay gente más "sensible" al valor de la libertad y personas más "sensibles" al valor de la igualdad y de allí que haya gente de temperamentos liberales y gentes de temperamentos sociales, a la vez que entiende que la acción libre genera inevitablemente desigualdad y la idea de igualdad termina introduciendo coercitivamente la redistribución. Entonces, la alternativa viable como solución de elección, como resolución al problema social, debe contemplar la fusión de lo mejor de una y otra tendencia. Así, entenderá que los individuos deben cargar con las consecuencias de sus actos y que lo deseable para una comunidad es esperar que cada individuo obtenga la consecuencia de su acción, del desarrollo de sus talentos y virtudes. Pero el problema es que no todos partimos de posiciones igualitarias y, entonces, igualar el punto de partida sería lo primero y esencial. Pero para que esto suceda, se debe acabar incluso con el mecanismo natural de transmisión de bienes y capital cultural en una familia, de una generación a otra, lo que Vaz Ferreira denomina “familismo”. Entiende que ese régimen familista, en donde las generaciones pasadas pesan sobre el presente, reproduce la desigualdad y no permite que los individuos obtengan la consecuencia de sus actos partiendo de puntos de partida iguales. Entonces, lo que Vaz finalmente propone es atenuar las desigualdades dotando a los individuos de una buena educación, buena atención de salud y de un derecho a la vivienda (su propuesta se asemeja en alguna medida al Plan de Emergencia llevado adelante por el presente gobierno frentista, pero de mejor forma, con mayores alcances y mejor objetivo, incluyendo la debida contrapartida comunitaria) para luego dejar primar una sociedad en donde los individuos sean responsables de sus actos, de su destino y lugar en la sociedad, más allá del cobijo socializante y estatal. Para ser más claros: socialismo hasta un punto y luego liberalismo, fusionando lo mejor de ambas tendencias. Asegurar al individuo un punto de partida, un mínimum, unas condiciones básicas para una existencia digna que habilite un estado social en donde sea finalmente la idea de libertad la que prime: 

“En verdad, se podría defender bastante simpáticamente esta posición máxima: asegurar (por socialización, o como fuera) a cada individuo, esas necesidades gruesas, pero como punto de partida para la libertad, a la cual se dejaría el resto” (pág. 79)

Y aunque señala que van a darse diferentes puntos de vista -según el talante socialista o liberal de ocasión- respecto del momento adecuado para abandonar el individuo a la libertad, considera que hay un mínimo –un socialismo de “primer grado”- que es deseable asegurar: acceso a la educación, a los servicios de salud, a la vivienda, a la alimentación, a la vestimenta y a un derecho fundamental: el de tener una tierra de habitación; y todo con “una obligación de trabajo correlativa” por parte de los individuos asistidos.
Y advierte que en todo este proceso de fusión de horizontes ideológicos, de complementar antes que oponer, es vital dejar de pensar el problema social en términos de problema de clases, en los términos -que consideraba negativos, confusos y simplistas- de burgueses y proletariados:

“Idea simplista; de gran valor de combate, y hasta ahora pragmáticamente buena en cierto efecto grueso, en cuanto tendió en la plano de la acción a mejorar algo las condiciones del trabajo manual; pero simplista, lo repito, y de tal poder confusivo, que hace imposible resolver y hasta pensar. (…) En cuanto a mí, no me gusta, o no me parece conveniente, pensar por “clases”; ni creo que se deba; se piensa y se siente y se resolvería mejor el problema, observando, juzgando y proyectando las que fueran las mejores organizaciones desde el punto de vista del bienestar de la seguridad, de la igualdad, del mejoramiento, del estímulo, de la libertad, de la fermentalidad, sin esas divisiones. (pág. 63)

En grandes líneas esta es la solución de elección que al problema social propone Vaz, pero más allá de la solución concreta -atendible y discutible- que presenta, me parece aún más importante la perspectiva que sobre el asunto arroja y que creo vital incorporar en nuestra cultura y práctica política:

 “(…) comprender bien que todos los que piensan sensata y acertadamente sobre los problemas sociales, deben estar de acuerdo parcialmente; y comprender sobre qué deben estar de acuerdo y sobre qué, solamente, han de recaer sus posibles divergencias.” (pág. 93)
 
Así, para quienes –en la línea del pensamiento y la sensibilidad filosófica e ideológica de Vaz Ferreira- no estamos “fanatizados ni unilateralizados”, ni creemos que las “oposiciones polarizantes” y la “lucha de clases” sean lo mejor para nuestra democracia y nuestras posibilidades de mejor futuro, lo deseable en este período político que se abre en Uruguay luego de los resultados electorales de las internas partidarias es que los candidatos con mayores chances en lo previo de alcanzar la próxima presidencia se contagien en buena medida del espíritu vazferreireano. O al menos –o en paralelo- que algunos actores políticos -o nuevos partidos emergentes- comiencen a practicar la articulación necesaria que abra finalmente un período de entendimiento extra-partidario, fuera de las cerradas fronteras ideológicas, para lograr una solución de elección al problema social que nuestro Uruguay aún tiene por resolver de mejor manera. 
De ahí el título de este artículo, como expresión política desde una perspectiva filosófica –presentada como deseable alternativa- ante la probabilidad de que finalmente terminen primando las prácticas y políticas polarizantes y excluyentes, y sigamos amarrados a las guerras de poder entre familias ideológicas. 

martes, 12 de mayo de 2009

Los motivos de Rodó

En este 2009, se celebran los 100 años de la publicación de Motivos de Proteo, una de las obras más importantes de José E. Rodó. Un centenario que se transforma en una excusa más que válida para retomar la lectura de uno de los pensadores más influyentes en nuestras tierras latinoamericanas en las primeras décadas del siglo XX. Y es, precisamente, tras retomar la lectura de Rodó (particularmente de sus dos obras centrales: Ariel y Motivos de Proteo) que quiero señalar -muy sintética y llanamente- una serie de puntos que, considero, son rescatables y positivamente vigentes de la obra de Rodó.

1. La idea de integración hispano-latinoamericana, desde valores culturales, intelectuales, axiológicos, estéticos, vinculados a nuestra cultura latina originaria, a nuestras raíces helénicas y la ética de amor al prójimo del cristianismo (desprovista esta tradición de toda connotación “divina”, trascendental). Creo que esta mirada sobre la integración latina es absolutamente saludable y defendible frente a otros dos modelos actuales dominantes de integración latinoamericana: la meramente economicista (como la del Mercosur, que incluso falla en ese terreno de la integración económica) y la de “identidad por oposición a un enemigo en común” como la que se propone desde la visión “bolivariana” al estilo Chávez. En Rodó, por el contrario, se apunta a la integración desde lo axiológico y estético, y en torno a una tradición humanística que, a su vez, apunte a la propia responsabilidad de quienes conducen o deben conducir los países de nuestra región, en la medida de que el problema primeramente es cultural y nuestro -y aunque Rodó critica duramente a la cultura anglosajona, no los culpa de lo que finalmente aquí sucede o no sucede, en tanto entiende que el primer y fundamental escollo somos nosotros mismos-.
2. La idea de participación del intelectual en la esfera pública, sobre todo de la juventud. Punto crucial, sobre todo en sociedades tendientes a la gerontocracia como las nuestras, con una juventud que tardíamente se inicia en la vida pública y tiene escasa incidencia en las decisiones comunitarias más importantes.

3. Defensa de los valores democráticos y la tolerancia. Aquí hay dos puntos centrales: primero, la idea de generar una democracia que esté a resguardo tanto de los valores aristocratizantes como los provenientes de la “mediocracia” de las mayorías, sostenidos desde las mayorías compactas y homogéneas. Luego, la idea de que la empresa democrática en su búsqueda de igualdad debe ir acompasada de políticas que aseguren la selección cultural de una clase política-intelectual dirigente formada en valores humanistas, que contemple la tolerancia de ideas como uno de los elementos primordiales (sobre esto último, nada mejor que leer el debate sobre la quita de los crucifijos de los hospitales que tuvo Rodó con Pedro Díaz y que aparece recogido en su obra Liberalismo y Jacobinismo).

4. La defensa de una mirada y formación universalista, que incluya una educación no meramente especializada y utilitaria. Al respecto -pensando en este punto como una crítica muy actual a nuestras instituciones universitarias- alcanza con ver el aislamiento intelectual que se genera en nuestras universidades –sobre todo en las Humanísticas y particularmente en los departamentos de Filosofía- a partir del surgimiento de “especialistas” -alejados de la “esfera pública”, sin ninguna incidencia en ella - y la disección del saber en grados casi de reducción al absurdo -y el consecuente descarte de corrientes filosóficas en el marco de la ausencia de una mirada más holística sobre el conocimiento, que permita la diversidad latente en lo universal-.

5. El amor como guía política. Frente a una política maniqueísta, que genera ideologías de “amigos” y enemigos”, simples y cómodas dicotomías de “buenos” y “malos” -con la consabida ausencia de debate de ideas y falta de tolerancia para posibilitar el sano dialogo democrático, aterrizando finalmente en meras prácticas “maquiavélicas”-, el rescate rodoniano del amor, el desinterés y la independencia como guía para la práctica política resulta tan ingenua y demodé como necesaria en estos tiempos que corren (y que han corrido, lamentablemente, a lo largo del siglo XX).

6. Apelación a las fuerzas individuales, a la búsqueda de realización y perfeccionamiento interior. Una mirada en tono vitalista que preconiza el cultivo del mundo interior como preámbulo necesario de todo aporte comunitario saludable (y es esta la idea central, precisamente, de Motivos de Proteo)

7. Retomar la idea del ocio “noble”. Es cierto que para que la cultura helénica fuera lo que fue, para que Aristóteles discurriera sobre casi todo lo existente, contaban con una práctica esclavista y los ciudadanos de esa democracia tan admirada eran una pequeña minoría, una elite que podía permitirse el ocio “creativo”, el ocio “noble”, pero aún así la arenga de Rodó a no descuidar –ni siquiera por la excusa del trabajo- la “meditación intelectual” es otro punto de absoluta y necesaria actualidad, particularmente en tiempos en donde el poco tiempo libre que tenemos –entre tantas obligaciones y el desenfrenado vértigo de la vida del siglo XXI en la aldea global- muchas veces se consume en enlatados televisivos o pasatiempos para no pensar, para no pensarnos.

En fin, este esbozo muy particular, sintético y al vuelo de siete puntos de actualidad en Rodó, pretende disparar la reflexión e invitar a acercarse a la lectura de un autor que aún tiene mucho por dar y que, sin embargo, ha pasado a formar parte del museo del olvido. Volver a ponerlo en el ruedo, pensar algunos aspectos de la actualidad inmediata a partir de su obra es un conveniente desafío por asumir.