jueves, 7 de diciembre de 2017

Legalización y legitimación de la marihuana: lo jurídico y lo moral


Estimados, comparto breve nota de mi autoría respecto del tema central abordado por el Semanario Voces en su edición del día jueves 7 de diciembre (la nota puede leerse en la página 10).


Legalización y legitimación de la marihuana: lo jurídico y lo moral

Sobre el final del período de gobierno de José Mujica, en momentos que de cristalizaba la legalización de la venta de marihuana, tuve con uno de mis estudiantes de ciclo básico una charla que terminó marcando mi parecer respecto del proceso en cuestión. 
 
Este chico, que por ese entonces tenía quince años, consumía habitualmente marihuana, según él mismo planteaba abiertamente, sosteniendo, además, que en su casa sabían del asunto y que lo habían aceptado sin cuestionamiento alguno.

Lo cierto es que su rendimiento educativo era muy disminuido y las secuelas a nivel de aprendizaje por su consumo eran notorias, lo cual se sumaba a otras características que hacían más complicada la situación, pues evidenciaba marcados rasgos de marginación cultural y escasa contención desde el mundo adulto más cercano.

Al final de una clase de evaluación escrita donde entregó la hoja en blanco, aproveché para charlar con él respecto de la situación de consumo en la que estaba envuelto. 
 
En el punto central de la charla, el argumento de legitimación al que recurre me resultó sintomático de una perspectiva sobre la cual hasta ese entonces no había reflexionado debidamente: la aprobación que él encontraba en el mundo adulto e incluso desde los principales referentes de autoridad a nivel público. 
 
En sus textuales palabras, me señaló -frente a mi planteo de que el consumo de marihuana a su edad tenía secuelas negativas en la salud y en su rendimiento como estudiante- que “si hasta el presidente dice que está bien, si hasta Mujica hasta a favor de fumar porro”. 
 
Le expliqué que no era eso lo que el presidente Mujica planteaba, pero lo cierto es que sí era la lectura inmediata, el efecto real y comprobable en el discurso de ese adolescente en situación de consumo y vulnerabilidad social y cultural. En su mirada, lo aceptaban sus padres y lo apoyaba hasta el presidente. 
 
La legalización de la marihuana tiene más de una lectura, pero quiero concentrarme, entonces, en su principal doble acepción: por un lado, la que compete al campo jurídico, donde deja de ser ilegal su venta e incluso el estado interviene asumiendo su comercialización. Por otra parte, la que refiere a que cuando algo se legaliza y deja de ser un delito, entra en escena una legitimación simbólica de aquello que ahora pasa a ser legal. 
 
Lo crucial, pues, pasa a ser lo que nos jugamos en ese horizonte difuso donde se mezcla la legalización jurídica con la legitimación moral del asunto. O sea, el mensaje que finalmente llega a la gente es tanto el “ahora se puede hacer” como el “está bien que se haga”, que es justamente lo que en particular interpretó mi estudiante.

La ley consagrada no ha atendido debidamente el punto referido a su incidencia simbólica en el campo adolescente y la cuestión educativa que compete al asunto, la que debe incluir el trabajo tanto a nivel institucional como familiar. Este es el principal desafío por asumir, a cuatro años de su consagración.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Pablo. Leí tu artículo y coincido totalmente. Esta ley no deja "autoridad" alguna a docentes y padres frente al hijo adolescente, cuya "mala conducta" (por llamarlo de alguna manera está avalada. por esta ley.
Pero creo, que va más allá de eso. En primer lugar, por los efectos secundarios y adversos del cannabis, sumado a los daños colaterales que esto ocasiones en círculos afectivos, conductas delictivas y degradantes, totalmente autodestructivas.
Y en segundo lugar, porque detrás del narcotráfico, hay montada toda una ingeniería financiera para el blanqueo de capitales con paraísos fiscales y la gran banca incluída. Es que la lucha contra el narcotráfico, no puede ser nunca posibilitar la narcotización. ¡¡¡Es como querer apagar un incendio con nafta!!! Al contrario, es una lucha contra el SISTEMA que lo sustenta. Y está visto que el fraudeamplismo, no está, ni estará nunca por la labor. Una ley hecha pensando en los votos y no con un sentido de visión de futuro de país. Y en todo hacen igual, con cada ley promulgada, pan para hoy, hambre para mañana. ¡Pobres las generaciones venideras con estos "Malinches" traidores versión 2.0!!! Salud.-

Anónimo dijo...

Resulta llamativo, por decir lo menos, que se diga que regular el acceso al cannabis busque "narcotizar" a la población, y a la vez se saltee olímpicamente que este mismo estado es productor de alcohol dese el año 34, sin que nadie lo llame "alcoholizador". También llama la atención la invocación de consecuencias sociales y santiarias catastróficas que no solo no tienen respaldo científico sino que se dan de bruces con la realidad uruguaya: hace años que tenemos una prevalencia relativamente alta de consumo de cannabis y a nadie se le ocurre que eso haya producido ninguna catástrofe. Parece que, más por el mecanismo "narcotizador", lo que hay es un brutal sesgo con respecto a la sustancia que no les es familiar a los adultos y en la que proyectan sus peores miedos. Porque problematizar el consumo de alcohol y tabaco de los jóvenes nos llevaría, inevitablemente, a mirar los costos nefastos del abuso adulto de estas sustancias.

Anónimo dijo...

Ahora estoy jubilado. Durante mi carrera profesional de más de 40 años pude aprender lentamente la importancia de las sociedades científicas y la seguridad que otorgan los procesos de designación de las autoridades y los procesos de las resoluciones e informaciones a la población en todos los casos que se interviene. - En el presente caso de la marihuana se debe atender y valorar las reiteradas advertencias negativas de la sociedad de psiquiatría.

Anónimo dijo...

Por comentarios como el segundo "anónimo", dignos del relativismo infantil que padecen varios adultos, es que estamos como estamos. Es desaconsejable tanto fumar porro como tomar alcohol o consumir tabaco en adoelscentes. Y también en adultos, pero ahí ya es un problema de cada uno. En los jóvenes menores de edad es un problema de todos. Madure señor "anónimo", asuma su responsabilidad como adulto.
Clarísimo y compartible en un todo el punto del profesor Romero.

LaPreviaBartender barracocteles dijo...

Hola Pablo, mi nombre es Allan Introini y soy docente de Informática y también dicto cursos de Bartender. A propósito de este tema, hace un tiempo escribí un artículo para pensar un poco con el cual tuvimos casi 15.000 personas que lo leyeron. Espero aporte a tu artículo, gracias
http://www.lapreviabartender.com/inicio/index.php/lapreviabartender/articulos-de-interes/el-dia-que-se-legalizo-la-marihuana-y-se-prohibio-el-alcohol

Alvaro Berro dijo...

Con todo respeto condenar a una ley por la interpretación errónea de un solo adolescente, no me parece para nada acertado. En este sentido es bueno recordar las políticas que desde el estado se han seguido, en materia de reducción de riesgos en el consumo de alcohol, tabaco y también canavis. Las dos primeras a pesar de sus efectos devastadores a nivel sanitario, siempre gozaron de legalidad y tienen un consumo mucho más extendido que la marihuana. Fue recién en el marco de políticas que legalizan el canavis, que se prohibió la publicidad engañosa para el cigarrillo y la venta de alcohol en la noche. Todo esto acompañado de importantes campañas a nivel de los grandes medios. Esto ha redundado por suerte en una notoria disminución del tabaquismo y el alcoholismo. Cabe agregar además que no hay nadie que pueda probar empíricamente que se ha disparado el consumo de canavis en la población más joven desde que se aprobó la ley. El caso que se relata en el artículo, pasa por desarrollar una estrategia de trabajo en el liceo, sobre el tema. El miedo a la sanción legal, no es un argumento educativo serio y mucho menos una legitimación simbólica conductas saludables y sino que me expliquen el tema del aborto.

Pablo Romero dijo...

Alvaro, no solo no condeno la ley, sino que estoy a su favor. Vuelve a leer el artículo, porque en ningún momento señaló lo que pareces querer hacerme decir. Sí señalo falencias a nivel del proceso informativo y educativo del tema y sí señaló el vínculo no abordado debidamente entre lo jurídico y lo moral. Y ninguno de estos dos puntos son, ni pretenden serlo, condenatorio de la ley aprobada. Voy directamente al punto del impacto entre adolescentes, y sobre todo, entre menores de edad en situaciones de vulnerabilidad. Allí, el efecto sobre la salud, sobre la vida estudiantil, y el impacto simbólico que genera el consumo es muy negativo. Y aporto desde ese lugar mi vivencia como educador de adolescentes con tales características, más allá de lo que con buen tino también se señala desde los espacios médicos. Una cosa es el consumo medicinal o recreativo y otra cosa el punto que yo señaló y que sí atañe a lo moral, pues incluye prácticas valorativas. Creo que esto se desprende justamente de la anécdota que cuento en la nota, a partir de esa asociación entre el "se puede hacer" y el "es bueno hacerlo".Hay que tener cuidado con lo que estamos legitimando desde el mundo adulto.
Hay una máxima que es fundamental y que la señalo en el lenguaje de mi barrio: para fumar porro hay que tener buena cabeza. El problema es cuando la situación es otra, porque allí el consumo se convierte en una práctica que supone arrimar nafta a un incendio.
Gracias por la lectura,el interés y el comentario. Abrazos!

Alvaro Berro dijo...

Pablo ante tu respuesta he vuelto a leer el artículo y en lo que a mí respecta, creo que sigue insinuando (con mucha inteligencia), que la ley es mala porque: "...sí era la lectura inmediata, (...) de ese adolescente en situación de consumo y vulnerabilidad social y cultural". Esta es a las claras la interpretación equivocada de una adolescente. La cual (como traté de expresarte en mi anterior respuesta), puede contestarse con todas las campañas que a nivel de medios masivos y de internet el Estado implementa. Si el adolescente pensaba que consumir marihuana era bueno, porque así lo manifestaba "... el presidente y sus padres". Creo que la comunidad educativa de su liceo, tenía sobrados elementos para hacerlo relfexionar sobre lo contrario. Espero además que algo haya realizado, puesto que el consumo de marihuana sigue siendo ilegal para menores de edad. Basta simplemente con hechar mano a todo el material educativo que se ha generado desde el propio estado, que por supuesto tienen el adecuado asesoramiento científico y médico, para concientizar a ese joven de su equivocación. Aquí nadie pretende legitimar ese tipo de conductas, al contrario se las pretende combatir a través de una necesaria regulación, que ponga coto al narcotráfico surgido y alimentado, por un fracasado paradigma prohibicionista. El trabajo educativo a nivel institucional y familiar, es un desafío que desde un comienzo se asumió. Ahora el mismo no solo es tarea del gobierno central, sino del conjunto: docentes, padres y sociedad toda. Saludos y como siempre un places conversar contido.