sábado, 17 de julio de 2010

Filosofía en Uruguay: entre la ausencia, la intrascendencia y la posible resurrección

Estimados/as, les comparto la nota publicada en el diario El Observador por el periodista Sebastián Rebellato respecto de la situación de la Filosofía en Uruguay. Allí, se presentan opiniones de Gustavo Pereira, Carlos Caorsi, Pablo Da Silveira, Facundo Ponce de León, Ruben Tani, Lourdes Silva y algunas mías. Se tocan varios puntos importantes sobre una situación que no solo importa a quienes pertenecemos al ámbito de la filosofía local, sino –y perdonen quizás el acto de posible “entusiasmo por defecto” en la afirmación- a nuestra comunidad en su totalidad, por el rol que ha jugado en su momento la filosofía como aporte decisivo a la construcción intelectual de nuestro país y lo que significa hoy en su papel tan disminuido, acotado y de casi nula incidencia social.

Les invito a leer los diferentes matices y problemas que arroja la nota y les invito a compartir sus comentarios y continuar el debate en este espacio, para incluso llegar a desarrollar posteriores instancias de debate y trabajo intelectual más allá de estas esferas digitales. Se necesita de todos para despabilar a la antigua “Sofía”, que por estos lados lleva ya demasiado tiempo durmiendo cómodamente.

El artículo (titulado “Ciencia platónica” y publicado en las páginas 16-17 de la edición del sábado 10 de julio) puede descargarse en su formato original de publicacion en diario desde este link: http://www.box.net/shared/kmkca05r1t


En tanto, va aquí la nota, en su formato para el blog. Dice:


Los filósofos uruguayos permanecen alejados de los debates más significativos. Su producción es escasa y la incidencia demasiado marginal. Rara vez se los convoca y, ante eso, priorizan las publicaciones en revistas especializadas, poco accesibles al gran público.


Ciencia platónica


POR SEBASTIÁN REBELLATO

ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR


Que el libro más demandado de un filósofo uruguayo haya sido publicado hace 100 años (Lógica viva, de Carlos Vaz Ferreira) es un dato pasible de múltiples lecturas. Puede interpretarse que la filosofía, por su naturaleza, suele permanecer alejada de las lógicas del mercado o que resulta factible que el valor de las obras se aprecie tiempo después de su elaboración. Aun así, la situación puede visualizarse como claro síntoma del marginal desarrollo de la disciplina en el país.


ÁMBITOS. Desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX floreció el aporte del pensamiento filosófico nacional en virtud de autores como Carlos Vaz Ferreira y Enrique Rodó. Con el fallecimiento de Vaz Ferreira, en 1958, “se cerró un ciclo” de influencia en el pensamiento y quehacer político y social cotidiano, según explica Pablo Romero, docente universitario de Filosofía (ver “Los nuestros”). Hubo excepciones a partir de la década de 1960, pero “la influencia es aun más excepcional en el período posdictadura, donde la filosofía ya es casi una disciplina testimonial, de escasísima incidencia pública”, agrega el docente, director de la revista Arjé.

No solo ocurre por estos lares. En el mundo occidental la filosofía dejó de entenderse como un concepto extenso y ambiguo y pasó a tener un alcance más restringido. En Uruguay, particularmente, los propios involucrados admiten que se hace poca filosofía. Como disciplina, ocupa un papel secundario respecto a la literatura y la historia, que son los principales registros de escritura y lectura, incluso más legibles para el público. La filosofía no se asocia con lo que comúnmente entendemos por cultural y no se hace nada para que se la introduzca en estas áreas, señaló el filósofo Ruben Tani hace un tiempo en la revista Relaciones.

¿Por qué se llega a esta poca trascendencia? Para Gustavo Pereira, uno de los filósofos contemporáneos más prolíficos, coexisten fenómenos de influencia recíproca. Por un lado, la sociedad tiene poco conocimiento de la producción filosófica local y aisladamente demanda el aporte de la disciplina. Por otro, los propios filósofos asumen una vocación del conocimiento por el conocimiento mismo, más proclive a fines investigativos entre pares que a la difusión pública. “Si tenemos que pensar, escribir, dar clase, como que no queda mucho interés para buscar la difusión, porque además la falta de demanda refuerza el poco incentivo. Y tampoco otros actores o los medios están en una actitud activa de búsqueda de filósofos”, opina Pereira.

Solo excepcionalmente esa falta de “interfase” entre pensadores y demandas sociales se supera: el propio Pereira fue convocado el año pasado por el Ministerio de Desarrollo Social para participar de un equipo interdisciplinario encargado de la formación de técnicos y evaluación de políticas de justicia social, una experiencia inédita.

En el Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades estatal una decena de filósofos se dedican profesionalmente a la investigación. Según Carlos Caorsi, director del centro, se publican tres libros por año, una producción que aumentó recientemente desde que la Comisión Sectorial de Investigación Científica (órgano de la universidad estatal) contribuye a financiar divulgaciones. Anualmente, además, aparecen unos cinco artículos en revistas internacionales, arbitradas por especialistas. Las líneas matrices tratan sobre realismo en ciencia, concepto de arte a partir del “efecto Duchamp”, normatividad en el lenguaje y justicia distributiva, entre otras. Lógica, ética social, filosofía política, teórica, filosofía latinoamericana y estética son las áreas con mayor acumulación de conocimiento.

Caorsi resalta que ninguna editorial comercial se interesa por esos textos porque no hay mercado consumidor. Y agrega: “Quizá estemos centrados en las exigencias de calidad de las revistas especializadas, que se enfocan en cuestiones alejadas del gran público. Hay como un irse quedando en eso, también porque no hay demanda social, y entonces no tenemos tan presente la realidad local y la generación de oportunidades de participación”. La publicación en revistas, exigida para docentes con dedicación total, otorga méritos académicos sin retribución económica para los autores.

En la Universidad Católica, el referente de la producción filosófica es Pablo Da Silveira, director del Departamento de Filosofía. En esa institución el énfasis se coloca en filosofía política, educativa y antropología filosófica. Da Silveira sostiene que el dominio del positivismo a nivel universitario desde fines del siglo XIX y la ausencia de una actividad científica rigurosa merma el desarrollo de la filosofía pues ciertas discusiones carecen de interés, como los debates en torno al conocimiento. Asimismo, advierte dificultades para construir puentes entre filósofos (con años de formación en códigos propios de la disciplina) y receptores de carácter masivo. No es fácil generar un diálogo eficaz sin trivializar, sostiene.


LA RAÍZ. La falta de profesionales en investigación filosófica y la escasa tradición y entrenamiento en debates rigurosos se transmite de generación en generación. La formación también tiene sus claroscuros. En el Instituto de Profesores Artigas (IPA), la enseñanza se centra en hacer docencia en filosofía y en aspectos pedagógicos, con poco estímulo para la producción. Da Silveira considera que las carencias formativas de los docentes pueden derivar en un desprestigio, simplificación o escaso interés por la disciplina entre el alumnado liceal.

Los baches alcanzan la formación universitaria. Romero habla de una facultad cerrada a la sociedad con producciones poco vinculadas a problemas emergentes. “Cuesta romper ese autismo. Ni siquiera el debate sobre el rol se ha instalado formalmente. A veces parece que se preocuparan más por imponer determinada línea filosófica”, opina.

Hace tiempo que el alumnado reclama una formación más plural: en los programas académicos se privilegia la filosofía analítica (de tradición anglosajona, con énfasis en la lógica formal y el análisis del lenguaje) relegando el enfoque continental, que incluye idealismo alemán, existencialismo, hermenéutica y corrientes marxistas, entre otras. Pereira, filósofo y docente, explica que se priorizan los clásicos y se abrieron seminarios opcionales

sobre filosofía latinoamericana y autores nacionales.

Los estudiantes también reclaman mayores espacios de participación y divulgación. Pereira reconoce que la inserción en la facultad es” mínima y selectiva”. “Acaso en dos generaciones solo el mejor de los mejores puede integrarse al equipo docente o de investigación”, cuenta.

Los egresados desaparecen, señala Lourdes Silva, estudiante avanzada e integrante de la comisión editorial de Clinamen, revista editada por alumnos que en sus primeros números vendió 150 ejemplares. “Entrás a facultad con muchas expectativas pero con el tiempo sentís que te vas sepultando, sobre todo en cuanto a acciones. Te pasás leyendo pero cuesta dar el paso, producir. Es más fácil refritar temas o hacer relecturas de autores por el miedo a exponer el pensamiento propio, al qué dirán”, opina. El proyecto Arjé es otro espacio creado para la divulgación de reflexiones, a través de una revista, una página web, foros de discusión, ciclos de conferencias y una radio on line.

La Facultad de Humanidades tiene uno de los índices más bajos de titulación: 1,3% del alumnado, según el anuario de 2008. El rezago y la deserción responden en buena medida a la incertidumbre laboral. Ante la falta de espacios, algunos optan por emigrar. Facundo Ponce de León, licenciado en Comunicación y Filosofía, se encuentra en España cursado un doctorado en Humanidades, opción Filosofía. “La formación es muy buena, lo único cuestionable es cierta atmósfera de que recibirse no es lo importante.Hay una preocupación por el pensar pero no acerca de qué hacer con eso que se piensa, y esa mirada antiproductiva limita el desarrollo”.


PARA QUE. Los consultados advierten que el escaso desarrollo filosófico priva al país de una mayor amplitud y profundidad en las discusiones, y que la necesidad de atender urgencias ha desplazado el interés por pensar el Uruguay de largo plazo. También ponen en tela de juicio la necesidad de una filosofía uruguaya ya que el rol del pensador debe trascender fronteras.

A Da Silveira le preocupa la obsesión por la identidad y el pensamiento latinoamericano que refuerzan el provincialismo. "Los griegos hacían filosofía, no filosofía griega. Nuestro rol es contribuir a enriquecer los debates que la sociedad tiene consigo misma, aportando argumentos, información, rigor. Lo propio puede aparecer, si se hace un trabajo de calidad.”, dice. Romero entiende que el vacío de filósofos se llena por miembros de otras disciplinas, que hacen filosofía como forma de estructurar el pensamiento, explicar y cuestionar la realidad.

Para Ponce de León, el filósofo debe permanecer alejado del espacio público para contemplar la realidad pero sí comprometerse más para agitar mentes. Y desarrolla: “Lo que más se siente es la falta de filosofía como actitud de reflexión, de pensar lo que se hace, y eso lo puede hacer hasta un analfabeto. El germen de la filosofía está escondido. Vivimos en un mundo desencantado (con corrupción, individualismo, amenazas naturales, depresión) que motiva un descreimiento de la capacidad humana para transformar. Y no es así. El rol del filósofo hoy, su tarea política, es despertar la capacidad de asombro, volver a encantar a la gente, para que quiera incidir y transformar”.


Los nuestros


Carlos Vaz Ferreira (1872-1958).

Filósofo más destacado. Propuso sustituir la lógica puramente racionalista por una lógica viva, de tendencia experimental. Analizó el razonamiento, la relación entre pensamiento y lenguaje y fue crítico ante las doctrinas y los sistemas. Elaboró fórmulas políticas que conciliaron libertad e igualdad.


José Enrique Rodó (1871-1917).

Trabajó como periodista, educador y político. Propulsó la integración latinoamericana, criticó la cultura estadounidense, defendió valores democráticos, la tolerancia, y una educación con formación universalista, no meramente especializada y utilitaria.


Antonio Grompone (1893-1965). Abogado y educador , ligado a la filosofía de la educación. Fundador del IPA.


Arturo Ardao (1912-2003). Abogado, docente universitario, militante político. Pionero en el estudio de la historia de las ideas. Abordó temas del pensamiento en lengua castellana y desarrolló reflexiones especialmente en antropología filosófica.


Otros. Mario Sambarino. José Luis Rebellato. Ruben Tani. Ricardo Viscardi. Juan Flo.


Sitios de referencia


Asociación Filosófica de Uruguay. Nuclea docentes y aficionados. Realiza jornadas de intercambio, actualización y cursos de filosofía. Tiene una amplia biblioteca. http://afu.atspace.org


Revista Actio. Contiene trabajos de los integrantes del Departamento de Filosofía de la Práctica, de Facultad de Humanidades. En www.fhuce.edu.uy/public/actio


Proyecto Arje. Incluye artículos, foros de discusión y conferencias. Disponible en: http://proyectoarje.blogspot.com


Clinamen. Revista de estudiantes de Humanidades. En venta en librerías de Tristán Narvaja y en la facultad. Contacto: http://publicacion-clinamen.blogspot.com


9 comentarios:

Anónimo dijo...

Permítanme dar mi opinión de músico, que como tal, soy flor de filósofo ... :-))))))))

Comencemos por una primer hipótesis de trabajo; la producción filosófica nacional es: poca, mediocre y bastante autista y autoreferencial.

Posibles causas de este acontecer sin pena ni gloria:

Falta de cacumen -no hay caso, esto es tapa de libro; si hubiera sesera suficiente, con dos palitos quemados y una superficie más o menos chata, vaya si se podrán dejar cosas grabadas así sea en piedra-.
Falta de una debida educación (tengo para mí que los preparan -a los preparaditos-, para obrar los ladrillos ajenos -como oberos de la filosofía pues-, y nunca para cranear con audacia o creativamente, si se me permite la tan lata expresión).
Falta de profesores adecuados. Mayoritariamente -y a sus resultados pongo por prueba-, integran las cátedras unos perfectos don Nadies -menos fecundos que la estéril de mi hermana-, elevados a catedráticos simplemente porque en el país de los ciegos, el tuerto es rey.
Falta de interés social (el primer atisbo de la materia, dado en secundaria, convierte a la filosofía en una bosta estéril, infecunda, inservible, muy poco apta para la vida real). Esto es un poco corolario de lo previo: los profesores realmente no saben filosofar; de facto, muy pocos filosofan de verdad; la mayoría hace trabajitos manuales para interpretar la labor de otro, que, para colmo, por regla general, se interpeta y conoce mucho mejor (más amena sin duda) de forma directa y acudiendo a la pluma primigenia. Si yo tuviera que entender al estagirita o a Nietzsche de conformidad a los trabajos interpretativos que abundan, seguramente me hubiera dedicado al estudio biológico de las aves migratorias ...
Falta de valores que identifiquen a la filosofía con la posible solución a lo que le pasa al alma de cualquier hijo de vecino cuando cursa su adolescencia: ¿qué cosa es la cosa que es cosa?, ¿qué cosa es la cosa que soy?, ¿de dónde vengo y a dónde voy, con o sin dios, con o sin verdad revelada? Pero hay que hacer guita y tener éxito en la vida; esta sociedad sistémica nos ha puesto ante la nariz la zanahoria de nuestra propia codicia; ¡todos podemos llegar a millonarios!, entonces, ¡qué joder!, si de seguro filosofando, no ...
Falta de verdadero sentido práctico en muchos de estos obreros, maguer puestos a empresarios unipersonales. A ver si me acomodo acá, a ver si hago dos pesos más yendo a este lado o amigándome con Fulano ... El fin de muchos de estos parece ser absolutamente egoísta; "Vivamos de la filosofía mientras podamos, ya que es obvio que la filosofía no vive en nosotros", se dirían si no fueran al mismo tiempo, tan hipócritas filisteos, ignorantes del sí mismo que los ocupa. Mejor una chacrita artesanal, simplona, autoconvocante mejor que autogestionaria, que una verdadera cooperativa federal de inteligencias ... ¡La intelectualidad soy yo!; creo escuchar sotto voce en muchos de sus discursos habituales; no ha lugar la intelectualidad como movimiento o siquiera, como vanguardia colectiva.
"Sólo sé que no sé nada" es frase que no han leído. Falta pues en los filósofos patrios, un sentido de la humildad propio de quien en serio trabaja con cosas que, precisamente cautivan por superarlo a uno en trascendencia.

A estas reuniones a las que invito en mi casa, por ejemplo, yo pienso reservar lugares para "ajenos". Para los otros, esos otros que son liceales, aprendices, buscadores, espíritus inquietos; en suma, para esos ciudadanos vecinos de la vuelta de cualquier esquina que tienen tanta ansiedad por develar misterios como el más conspicuo de los profesores de Humanidades o el IPA. Llegarle a la gente, contagiarla, mostrarle que se puede pensar y se debe pensar. Con libertad, en libertad, sin censuras, y ante todo, sin otro interés superior al del tema en sí que se investiga.

Tal, uno de mis pocos porotos posibles. Les recuerdo que la gallina come de a granitos, y que igualmente, engorda.

Rafa*

Mateo dijo...

Qué casualidad Pablo, justo antes de que difundieras esta nota, la encontré por ahí y la leí. Una pena que sea tan breve.
Me parece un gran disparador lo que dice Tani; creo que viene por ahí la cosa (y, además, el sostiene que hay que darle al ensayo, de modo que refuerza su idea).
Lamentable lo de Da Silveira. Eso de que "los griegos no hacían filosofía griega, los griegos hacían filosofía", es tremendo; esas pretensiones universalistas son precisamente una de las causas del autismo. Más bien diría insensibilidad. No se conmueven con nada; bloques de granito. No se trata de justificar una manera de escribir "a la par" de los filósofos europeos, porque de ese modo se sigue prolongando la mentalidad colonial. Asimismo, ese "a la par" no es tal, pues pretende imitar un modo nacido en otro contexto. Necesitamos inventar o encontrar nuestro modo de filosofar, que sin duda no tendría nada que envidiarle a los modos europeos de filosofar. Se trata de un proyecto de autenticidad (que naturalmente es sinónimo de independencia y libertad). ¿Cómo? Rescatando la tradición de la filosofía uruguaya (investigando sobre nuestros autores, sobre nuestros problemas desde nuestra realidad, etc.); pensando en términos de filosofía uruguaya (que me parece que reune las condiciones necesarias para existir). Y cambiando las pretensiones: la vanidad erudita ha lesionado sobremanera al pensamiento uruguayo. Los intelectuales se han vuelto monumentos inútiles porque sólo desean satisfacer sus pretensiones primermundistas (tener "su" cátedra, expresar "su" pensamiento, etc.), cuando lo único que logran es, lisa y llanamente, reproducir tristemente las formas europeas. Carecen de humildad, por eso no entienden cómo funciona el Uruguay.
Bueno, esto da para mucho. Ahora interrumpo para no tentarme a precisar todo lo que dije.

Anónimo dijo...

Rescatando la tradición de filosofía uruguaya? Sin desmerecer a nuestros pensadores, no creo que sean mucho más que eso -eso sí, me refiero al buen sentido de la palabra pensador, sin ironías!-. En todo caso el problema la filosofía uruguaya -permítaseme aquí la contradicción- no es el hecho de subordinarse al "modo europeo" (justamente no!), sino hacerlo frente a la politiquería barata, a los cargos públicos y a los intereses contemporáneos contractuales –en un aspecto más vil y aldeano-.

Para hacer "filosofía latinoamericana" primero hay que saber filosofía. Somos pueblos jóvenes -muy jóvenes- aún hijos de la revolución, la pobreza y los colonizadores europeos y las pulseadas intestinas. Déjense de joder.

Pablo

Anónimo dijo...

Perdón por el "déjense de joder". Cuestión de énfasis nomás.

Saludos

cat dijo...

Pues la filosofia tiene muchas formas. Para mi se vincula mucho con la reflexion sobre las percepciones de su vida a traves de la creacion y desarrollo de conceptos proprios y utiles a un nivel o otro. La motivacion de esa actividad es un dato primordial para mi, y claro que las motivaciones "academicistas" no sirven fuera de la "academia profesional".
Que muchos griegos, o cinos, o italianos hagan filosofia sin que sea griega, cina o italiana me parece obvio para los que lo hacen con integridad, uno hace lo que es y la identidad cultural puede ser explicita o no sin que importa. Me parece tan obvio tambien que los que filosofan "profesionalmente" o "academicamente" intentan muchas veces ser griegos o otros según lo que le parece a la moda o util para una carrera.
Lo preocupante es para mi la falta de conceptualizacion y reflexion en la vida de cada dia. Sin duda hay medicos, vendedores de fruta, contables, politicos, policias o profesores que tienen una actividad filosofica propria... pero no es promovido ni difundido. Eso me parece el mas grave, y eso anti-intelectualismo no es proprio al Uruguay, pero bien una consequencia de un cierto tipo de mercado y de relaciones civicas, etc.

jorginho dijo...

pá!! después de leer a Rafa no sé si escribir algo... pero igual quiero felicitarte Pablo, anfitrión en este lugarcito ciberespacial. Felicitarte por la iniciativa de difundir el pensamiento filosófico. Un consejo: tirate también un "lance" para la tele-caja-boba (la Nacional o TV Ciudad). Por supuesto después que sale alguno a hacer algo, salen 50 a decir: "está mal", o "yo lo haría mejor" o "no da...". Escuché el primer programa, lo grabé y esperemos poder seguir guardando..
Estoy bastante de acuerdo con la posición de Rafa pero siempre trato de pensar más positivamente, rescatando algo del todo. Y soy de los que opina que las cosas se mejoran desde adentro (la Udelar donde trabajo, para empezar y la Educación en general). Siga con lo suyo amigo docente, y si sirve de algo estamos en Cs. de la Comunicación como no docente o "funcionario de gestión" como nos autonombramos ahora.
Si recibiste un mail de emece@montevideo.com.uy es mi esposa, que te saludó en nombre de los dos.
Aclaración que importa: el blog que referencio en este post está vacío casi: lo abrí para desafiar mis menguadas capacidades tecnológicas jajajaja!
Un saludo y una fuerza.
Jorginho T.
P:D: si te cruzás con Ricardo Viscardi mandale un abrazo

Anónimo dijo...

pregunto ¿ alguna vez la educacion uruguaya se dedicara a enseñar el arte de filosofar? y se preocupara porque los alumnos aprendan que es filosofar y no donde fue , creo que esta muy mal tomada la educacion de dicha ciencia ya que se enseña mucho su pàrte historica y pierde su escencia por eso las generaciones venideras le pierden el interes , ojala enseñemos a los alumnos a amar la sabiduria y no a aprenderla para sobrevivir

federico figueiras

Rosana dijo...

Para Federico:
Aclararte 2 cosas:
1- la filosofía no es una ciencia
2- si te informaras sobre los programas de filosofía en educación secundaria te darías cuenta que se trata de "enseñar a filosofar", no enseñar historia

David dijo...

Soy un apasionado de la filosofia griega y por eso trato de conocer y aprender sobre ello. He leído gran cantidad de libros diferentes y disfruto mucho de seguir aprendiendo dia a dia